EXPEDIENTE WARREN: EL CASO DE ENFIELD

Las hermanas poseidas
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Título Original: tTHE CONJURING 2: THE ENFIELD POLTERGEIST Dirección: James Wan Guión:     Carey Hayes, Chad Hayes Intérpretes:   Vera Farmiga, Patrick Wilson, Frances O’Connor, Madison Wolfe País: EE.UU. 2015 Duración: 133 min. ESTRENO: Junio 2016

Ahora muchos lo han olvidado, otros nunca lo han sabido, pero lo cierto es que en su comienzo, James Wan fue objeto de posiciones airadamente enfrentadas. La culpa la tuvo Saw (2004), un claustrofóbico relato de horror y sangre en cuyo seno nació Jigsaw, hoy uno de esos grandes referentes del cine de terror que junto a Freddy Krueger, Jason Voorhees, Michael Myers y Leatherface, comanda la galería de los más aterradores monstruos del cine contemporáneo. En poco tiempo, este cineasta de origen malayo y querencia por un cine inquietante y perverso, se convirtió en referencia, en peso pesado que renovaba el género y pedía el testigo de gentes como Carpenter, Hooper y demás cabezas visibles del cine de la hemoglobina y lo insano. Las entregas de Saw, ante el mazazo de su primer capítulo, acabaron dibujando una espiral que terminó por desfallecer.
Ajeno a todo ello, Wan ha creado otros referentes de éxito. Como Insidious o como este Expediente Warren al que se le nota demasiado su vocación de serie de televisión.
El primer The Conjuring, fue una rotunda exhibición del buen pulso de Wan para meter miedo. Esta segunda entrega hace lo mismo y llega aquí tras arrasar en EE.UU.
De nuevo nos deja con la pareja Vera Farmiga y Patrick Wilson, un matrimonio enzarzado en una lucha contra las fuerzas parapsicológicas del mal. Como en la entrega anterior, la legitimidad de su guión descansa en que se fundamenta en hechos reales. En este caso, sucedidos e influidos en el mismo tiempo en el que otro filme memorable, El exorcista, corroía el sueño de toda una generación.
Aquí hay posesiones infernales, exorcismos, niños abducidos por fuerzas inexplicadas y una hábil dosificación del susto y el suspense. A estas alturas, el oficio de Wan resulta tan solvente como los beneficios que obtiene. Y, como sucedía con el filme anterior, ya sabemos que en el museo de los Warren hay criaturas suficientes como para una decena de nuevos títulos. Aunque la amenaza de fórmula y rutina asoma en los intersticios del filme, su capacidad para impactar a espíritus impresionables sigue en alto.

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