EL VIAJE DE ARLO

El niño lobo y el “dino” niño
foto-elviajedearloTítulo Original: THE GOOD DINOSAUR Dirección: Peter Sohn Guión: Meg LeFauve Música: Jeff Danna y Mychael Danna País: EE.UU. 2015 Duración: 93 minutos  ESTRENO: Diciembre 2015
En la anterior entrega de Pixar, Del revés, la factoría daba peligrosas señales de agotamiento pese a que muchas reseñas críticas no lo querían ver. De hecho, nunca como hasta ese momento, en su zona central, un filme de Pixar había necesitado saquear legados ajenos. Pese a sus muchos aciertos, a Del revés le faltaba aire. En su férrea estructura. la rigidez de la misma le quitaba su mejor virtud, la capacidad de abrazarse a la heterodoxia para reinventar lo inventado. La maldición de la creación artística es que, a partir de cierto momento, la propia obra que le precede se convierte en su mayor obstáculo. Es decir, para una empresa que ha puesto en pie obras tan rotundas como la trilogía Toy Story, WALL·E y Up, superar esos hitos del cine animado del siglo XXI se antoja una tarea imposible. De entrada pues, lo obvio: El viaje de Arlo no está a su altura. Sin embargo, eso no quiere decir que no merezca la pena.
Las señas de identidad, el secreto de la fórmula familiar, ha consistido siempre en ser capaces de robustecer la necesidad del relato. Lasseter no recoge el testigo de Walt Disney por más que la empresa que creó a Mickey Mouse esté ahora en sus manos. El fundamento de Lasseter hay que buscarlo en el siglo XIX y desde allí remontar el vuelo hasta los orígenes de los cuentos infantiles.
Pixar ha sabido hollar las fuentes originarias del relato para, con elementos del presente, formular los cuentos de nuestro tiempo. En El viaje de Arlo, una incursión en el mundo jurásico, ése al que los niños parecen ser siempre tan vulnerables, Sohn no se conforma con repintar el modelo de Ice Age. La película de Pixar se sirve de una perversión muy interesante. El niño humano adquiere los modos de un animal primario y el dinosaurio se comporta con los rasgos de una humanidad inteligente. Del entendimiento de ambos, nace un periplo que, como todo cuento infantil con vocación fundante, amanece con la muerte del padre. Una orfandad que en esta historia dirigida a los más pequeños, da lugar a un filme Pixar amable, simpático, menos anodino de lo que se dice y con multitud de pequeños y gozosos detalles.

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