LA CUMBRE ESCARLATA

La llamada de la (mala) sangre

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Título Original: CRIMSON PEAK Dirección: Guillermo del Toro Guión: Matthew Robbins y Guillermo del Toro Intérpretes: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Charlie Hunnam,  Tom Hiddleston y  Jim Beaver  País: EE.UU.  2015  Duración: 119 minutos ESTRENO: Octubre  2015

Todo en La cumbre escarlata sabe de la pasión. Todo se debe a la fiebre de ese fabulador ebrio de lecturas no olvidadas autor de Cronos (1993) y El laberinto del fauno (2006). Como tal, el resultado (a)parece desmesurado, referencial, lleno de notas a pie de página. Dicho de otro modo, su relato deviene en goce de erudición con restos de acné adolescente y cinefilia sin bozal. Del Toro pertenece a esa estirpe de cineastas que no conocen la mesura, que se lanzan a tumba abierta deslumbrados por el eco de cien mil películas que, a su vez, han germinado en su cabeza otras cien mil historias.
La cumbre escarlata, con su tierra de sangre, con su quejido de ballena herida, sabe de Edgar Allan Poe y de uno de sus relatos más paradigmático, La caída de la casa Usher. Y al mirar hacia allí, Guillermo del Toro no ha podido (ni querido) zafarse del recuerdo de tantos y tantos que como él, crecieron asombrándose por un mundo que era capaz de sublimar lo real a golpe de romanticismo en vena. A Del Toro, como a los aguerridos y curtidos seguidores del heavy metal, por mucho acero que luzcan sus cazadoras, le llevan los demonios de la emoción y la bonhomía.
En La cumbre escarlata, relato de tintes góticos, palpita una trama envenenada en torno a un mecanismo análogo al de Los asesinos de la luna de miel (1969) y Profundo carmesí (1996). Aquí se ennegrece algo más el horror con el incesto como vuelta de tuerca. O sea, esto es un cuento para adultos que no olvidan el niño que alguna vez los habitó.
Del Toro se adentra en ese relato terrible. Y lo hace, tanto con las muletas que le prestan Epstein y Corman, buenos conocedores de Poe: como con la herencia recibida de Alfred Hitchcock y su Rebeca (1940). Pero sería inútil enumerar los incontables guiños que Del Toro hace tanto al cine como a la literatura. La cumbre escarlata es un verdadero festín enciclopédico, un acto de amor por el cuento de fantasmas. Jessica Chastain y Tom Hiddleston lo saben y lo demuestran. La parsimonia de Wasikowska arroja más dudas. ASí, sin alcanzar la excelencia, aquí late lo mejor de Del Toro, un cineasta que hace de la sangre metáforas de amor y fantasía.

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