ANACLETO AGENTE SECRETO

De padres e hijos

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Título Original: ANACLETO AGENTE SECRETO Dirección: Javier Ruiz Caldera Guión:   Fernando Navarro, Pablo Alén, Breixo Corral (Cómic: Manuel Vázquez Gallego) Intérpretes: Quim Gutiérrez, Imanol Arias, Alexandra Jiménez, Carlos Areces, Berto Romero País: España. 2015 Duración:  87 minutos ESTRENO: Septiembre  2015

En ese cruce imposible entre el agente 007, llamado James Bond y el superagente 86, de nombre Maxwell Smart, nació Anacleto, el agente secreto. El alumbramiento ocurrió en 1964 y pronto se convirtió en uno de los más célebres personajes de Manuel Vázquez Gallego. Vázquez, autor igualmente de las hermanas Gilda, la abuelita Paz, la familia Cebolleta y Ángel Síseñor era, como ilustraba la película de Óscar Aibar, El gran Vázquez (2010), un freakie cuando el término aún no se había inventado.
De vida turbulenta en tiempo de silencio, Vázquez y sus criaturas practicaban un triple salto mor(t)al en un país de censura y miedo. Formó, junto a Ibañez, el creador de Mortadelo y Filemón, la vanguardia del tebeo español en los años del tardofranquismo. Pero Vázquez, a diferencia del padre de La 13 Rue del Percebe conoció la zozobra. Su éxito fue siempre menos reconocible y él fue peor recompensado. No obstante, ahora, la figura de Vázquez y sus vástagos de papel, vive en el cine una época de reconocimiento. Es esa idea, la de los hijos, la que abona un ensayo con disfraz sobre la paternidad y pone música a este Anacleto al que Imanol Arias le presta una dignidad “vintage”.
Javier Ruiz Caldera (Spanish Movie (2009); Promoción fantasma (2012) y 3 bodas de más (2013), filma un relato en el que el archienemigo de Anacleto se llama Vázquez, como su propio creador. Un Anacleto que a su vez tiene un hijo al que le ha ocultado su identidad y cuyo comportamiento no parece estar a la altura del padre. Ese juego entre la anécdota y el metalenguaje opera como una muñeca rusa que alberga un manifiesto nada ingenuo sobre la biología y la creación. De eso Vázquez supo mucho. Paso a paso, Anacleto esquiva los peligros de lo zafio para establecer un relato divertido en su anacronismo. Anacronismo porque Anacleto supura esa sensación que desde la transición provoca el cine español: llega tarde. Los niños de ahora no conocen a Anacleto y los veteranos que crecieron con él, dejaron de ir al cine hace tiempo. Lástima porque merece ser visto.

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