BLIND

(Re)celos en la oscuridad
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Título Original:  BLIND Dirección y guión: Eskil Vogt Intérpretes: Ellen Dorrit Petersen, Vera Vitali, Henrik Rafaelsen, Marius Kolbenstvedt y Stella Kvam Young Nacionalidad: Noruega. 2014 Duración: 96 minutos ESTRENO: Julio  2015

Colaborador de Joachim Trier (nada que ver con Lars von Trier, por más que ambos (pro)vengan del frío escandinavo), Eskil Vogt tras una cierta experiencia como guionista y cortometrajista, debutó con éste su primer largometraje con sed de autor. Dicho de otro modo, responsable del guión y al mando de la dirección, Voght despliega rápidamente su voluntad de sorprender, su deseo de (man)tener en vilo al público con Blind.
Triunfador en cuanto festival le ha invitado, galardonado dentro y fuera de su país,  Eskil Vogt desarrolla a lo largo de casi cien minutos un relato de capas superpuestas, de realidades y deseos, de pesadillas y fantasmas, en donde la pulsión del miedo a la oscuridad se enrosca con la llamada del sexo. Con un reparto de profesionales convincentes y convencidos, las mejores virtudes de Blind pertenecen al mundo de lo sugerido, a lo que no se ve, a lo que late tras los impactos visuales de gemidos y masturbaciones, de celos y recelos. Su argumento parte de una hipótesis: la ceguera de su protagonista, una joven mujer que sobrelleva esa situación de desamparo y aislamiento, le aboca a cuestionarse la actitud de su compañero. Algo que enciende la llama de la fantasía, o sea, algo que le hace representar, inventar y sospechar un mundo que sus ojos no ven.
El resultado, impactante en imágenes de tensión sexual, de crueldad emocional y de desamparo personal, adquiere siniestros ecos y la forma de un relato más oscurecido que profundo, más engolado que inspirado. En buena medida porque  Eskil Vogt se conduce con una notable distancia sentimental con respecto a sus personajes. No hay afecto ni desafecto, solo la mirada de un entomólogo que observa los rituales de sus criaturas sin diferenciar el plano de lo real del mundo soñado. ¿El resultado?, un fresco cubista de perfiles cortantes y de interés incierto. Sin duda la planificación de Vogt evidencia precisión y voluntad de hondura pero el formalismo argumental y ese deseo por imprimir desconcierto, a lo que ya de por sí encierra un enigma, lleva todo hacia una sensación de confuso exceso.

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