EL GURÚ DE LAS BODAS

El novio sin padrinos

foto-elgurudelasbodasTítulo Original: THE WEDDING TINGER Dirección: Jeremy Garelick Guión: Jeremy Garelick, Jay Lavender Intérpretes: Kaley Cuoco, Josh Gad, Kevin Hart, Alan Ritchson, Olivia Thirlby, Cloris Leachman, Nicky Whelan, Jorge García Nacionalidad: EE.UU. 2015 Duración: 101 minutos  ESTRENO: Mayo 2015

Así como los accidentes de circulación suponen la mayor intromisión del azar y la muerte en las acomodadas existencias de la clase media de la sociedad del bienestar; la boda y su ritual, parece ser el gran evento, ese pequeño y fugaz fogonazo de glamour para esas vidas comprometidas con una rutina sin sobresaltos. Convertido en un subgénero, el número de películas que gira en torno a una boda crece cada momento. Casi siempre en clave de comedia romántica. Siempre con pinceladas gruesas y situaciones cercanas al absurdo.
El gurú de las bodas participa de todos las aportaciones acuñadas por la denominada nueva comedia americana de los últimos años. La fundamental, el exceso. Exceso allí donde se vislumbre cierta explicitud sexual jaleada por una insujetable zafiedad argumental y un desvergonzado despilfarro de medios. Coescrita y dirigida por Jeremy Garelik, guionista antes que director, El guru de las bodas parte de un hecho difícilmente exportable en lugares que no sea EE.UU. La idea es que, frente al deseo de convertir la boda en la reunión tumultuosa de amigos y familiares en los que reconocerse, hay personas que no tienen a quién invitar, hay novios que están completamente solos.
Todo gira en torno a la peregrina ocurrencia de un vendedor de servicios para dar brillantez y aportar ficticias anécdotas vitales a aquellos que van a casarse y carecen de todo ello. Con la enseñanza aprendida de títulos recientes, no es una comedia clásica precisamente, Garelik consigue tres o cuatro secuencias hilarantes en las que se intuye una mirada abismal. Pero, cualquier atisbo de ingenio, cualquier peldaño que pudiera llevarnos a algo más personal, más oscuro, o más pantanoso, se evita rápidamente. Eso corroe su guión y arruina sus habilidades que, solo en los goznes que sostienes las partes, en los recodos entre secuencias, aparecen para irradiar relámpagos de inquietante lucidez. Pero son fogonazos breves que valen más por el recuerdo que dejan que por lo que convocan en el seno de un filme previsible y ya visto.

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