FOCUS

Robar es un placer

foto-focusTítulo Original: FOCUS Dirección y guion: Glenn Ficarra y John Requa Intérpretes: Will Smith, Margot Robbie, Adrian Martinez, Gerald McRaney, Rodrigo Santoro, BD Wong, Brennan Brown y Robert Taylor Nacionalidad:  EE.UU.  2015 Duración: 105 minutosESTRENO: Marzo 2015

Tan banal como brillante, Focus podría haber sido una reinvención de El golpe de George Roy Hill; una interpretación contemporánea de unos granujas amables. Hay una larga lista de obras que han reiterado el paradigma; o sea que muestran a rateros sin maldad y/o delincuentes sin violencia redimidos por la vileza de quienes controlan el mundo. Aquí, la hipotética denuncia social no existe, aquí todos aparecen (re)tratados como personajes simpáticos e inofensivos; muñecos de guiñol de un teatrillo de cachiporra y mentiras. Pudo pero no quiso porque, tal vez por presiones de la producción, el objetivo fundamental de Focus insiste en crear un vehículo de lucimiento para Will Smith. Y el actor afroamericano, a quien los últimos trabajos no parecen reportarle demasiado prestigio, se limita a compartir planos sin magnetismo con Margot Robbie, una actriz de belleza tan rotunda como incierto parece ser su talento.
Dirigen y escriben la película Glenn Ficarra y John Requa (Como perros y gatos, Bad Santa y Bad News Bears). Tras coincidir el primero como guionista y el segundo como director en varios proyectos, finalmente decidieron rodar juntos Phillip Morris, ¡te quiero! protagonizada por Jim Carrey y Ewan McGregor, una sórdida comedia algo bizarra de sal gruesa y humor inteligente. A la vista del historial, y salvo quizá Bad Santa, la más incorrecta de todas ellas, se percibe que no nos encontramos ante cineastas con pretensiones artísticas. Lo suyo es entretener y Focus entretiene a quienes no conciben una sala en V.O. o no pueden ir al cine si no van armados de bebida y alimentos. Un buen arsenal hace falta para acompañar las idas y venidas de un argumento altamente improbable armado sobre coreografías de robos y engaños para envolver el romance entre el bandido listo y la aprendiz guapa. El curso del relato se pierde en meandros sin lógica ni razón y el desenlace no evita la sensación de artificio cuyo intríngulis se desvela una hora antes para que, a la hora de resolver, no resulte inaceptable por inverosímil y exagerado. Eso sí, Smith se pasea como un pavo.

Deja un comentario