CORAZONES DE ACERO

Estúpidos y bastardos

foto-furyTítulo Original: FURY  Dirección y guión: David Ayer Música: Steven Price Fotografía: Roman Vasyanov Intérpretes: Brad Pitt, Shia LaBeouf, Logan Lerman, Scott Eastwood, Xavier Samuel, Michael Peña, Jon Bernthal y Jason Isaacs País: EE.UU. 2014 Duración: 134 minutos  ESTRENO: Enero 2015

En el cañón de un mellado Sherman, un poderoso tanque norteamericano muy utilizado durante la segunda guerra mundial, se lee la palabra Fury. Ese distintivo lo diferencia del resto de fortalezas de hierro y fuego que aparecen en la película, y lo convierte en el verdadero protagonista de esta cinta. Ese “Fury” le da título y señala su contenido, puesto que de furia y muerte es de lo que trata este filme bélico. Nada más empezar, lo primero que David Ayer nos muestra es ese cañón y su nombre inscrito, (re)significando que en ese tanque descansa el leit motiv de un relato que se sabe deudor de Malditos bastardos de Quentin Tarantino. Una deuda que, en lo aparente, se explicita con la presencia de Brad Pitt y que, en su tratamiento, usa y abusa de la legitimidad de masacrar nazis porque en ellos se proyecta el paradigma del mal.
La primera noticia que tuvimos de David Ayer, guionista y director de Fury, arranca en el comienzo del siglo XXI. Su primer aviso fue U-571, ambientado en un submarino en los años 40 y con el célebre código Enigma como tema de fondo. El segundo, un año después, 2001, fue un violento thriller policial, Training Day, convertido en obra de culto. Él era solo el guionista. Luego, con regularidad de director de éxito, Ayer ha dirigido y escrito películas como Vidas al límite (2005), Dueños de la calle (2008), Sin tregua (2012) y Sabotage (2014). Todas presentan un denominador común: mucha violencia y nula o escasa presencia de lo femenino. Cine de testosterona y sangre, de pólvora inflamable y arma en ristre, cine de muchas crueldades y poca imaginación. Pero que en el universo de Ayer no quepa buscar sutilezas ni complejidades no significa que Ayer sea un bruto simple. Bruto sin duda lo es, pero con pretensión de autor.
Sin Tarantino, Fury hubiera sido inconcebible. Pero Ayer no sólo revisita y se apoya en el universo del autor de Pulp Fiction sino que, para su incursión en la Alemania del final de la guerra, para bucear en el núcleo de la descomposición nazi, Fury sabe -porque lo ha expurgado-, del mejor cine bélico. De Fuller a Kubrick, de Spielberg a Stone, Ayer de todos se alimenta; Ayer de todos obtiene algo. Ayer se comporta como un consumado artista, modelo depredador.
Concebido en tres actos, Fury aprovecha su presentación para mostrar las características de sus personajes principales, incluido el citado tanque que, por cierto, sirvió para la creación/apropiación del estado de Israel. En ese sentido, la actitud de Ayer muestra a un profesional aplicado. En el arranque, Fury se desvela como una película noble, brillante, sugerente. Ayer, cuyo tratamiento de los alemanes se reduce a convertirlos en espectros de la Cosa, carne de picadora sin derechos ni identidad, obtiene secuencias de electrizante valor alegórico. En sus mejores instantes, Fury parece más cine de terror e incluso gore, que escenario de lo bélico.
El segundo acto, aquél que ofrece el descanso del guerrero y la cosificación de la mujer, se resuelve por la vía del edulcoramiento. Aquí Ayer pierde el pulso y su filme se rompe en ese intento de fundir la mala uva del autor de Kill Bill con el masaje emocional del hacedor de El imperio del sol. Luego, superado ese puente de piano y sexo, Ayer encara el acto final en un crescendo que, en su primera mitad, acaricia imágenes de impacto e inspirada formulación. Fury hace honor a su nombre y destila ira y venganza. A su paso, la desolación evidencia lo que Tavernier preguntaba en Capitán Conan, ¿es (im)posible crear buenos soldados sin cultivar asesinos sin escrúpulos? Solo en su final, un final que parece inspirado por el Soldados de Salamina de Trueba, el perdón de un enemigo anónimo, aporta la única esperanza a un tratado de atronadoras y entregadas imágenes al fundamentalismo bélico.

DESCI

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