JAUJA

En busca de lo desconocido
foto-jaujaTítulo Original: JAUJA Dirección:  Lisandro Alonso Guión: Lisandro Alonso, Fabián Casas Intérpretes:  Viggo Mortensen, Diego Roman, Ghita Nørby, Mariano Arce, Viilbjørk Malling Agger y Misael Saavedra Nacionalidad:  Argentina.  2014  Duración: 101 minutos ESTRENO: Diciembre 2014
Lisandro Alonso, uno de esos cineastas que se mueven ajeno al movimiento del mundo, evidencia en Jauja un pequeño cambio estilístico y una reafirmación autoral. El cambio proviene de la aparente f(r)actura “estelar” de quien es su principal protagonista al tiempo que coproductor, Viggo Mortensen. También alguna alteración se adivina en la estructura de su guión, en la mayor presencia del verbo y en leves gestos que no son sino otra manera de abordar lo que siempre le es propio.
Lisandro Alonso sabe del rigor de los Straub y de la angustia de Tarkovski. Habita en parecido territorio al que recorre el Albert Serra de Honor de caballería con la actitud del Herzog empeñado en dinamitar los géneros. Ya saben, cuando dice hacer cine documental, el trampantojo lo envenena todo. Cuando bucea en la ficción, las aguas en las que se sumerge son tan reales que el argumento se transforma en pretexto. De hecho, Lisandro Alonso, con la complicidad de Fabián Casas, un poeta ajeno al mundo de la escritura cinematográfica, idea una situación cercana a la del Lope de Aguirre. Un padre en misión colonizadora, lo que conlleva el exterminio de los indígenas para arrebatarles su paraíso, manda a sus tropas en compañía de su hija adolescente, una víctima propicia para un sacrificio virginal.
Con Timo Salminen, el domador de la luz que hace inconfundibles las películas de Aki Kaurismaki, Alonso teje una pieza de extrema delicadeza, de pulsión enfermiza, de misterio y belleza. En Jauja parece que no acontece nada, parece que en esos pa(i)sajes el tiempo se ha anclado. Pasan los minutos y parsimoniosamente se suceden los tres actos de un filme con memoria de clasicismo y sangre de experimento. Se funden las idas y venidas y los diálogos. El eterno permanecer de lo que resulta inmutable, el espacio donde el ser humano naufraga desde el comienzo del tiempo. No estamos ante un cine para espectadores con necesidad de ser entretenidos.
Jauja levanta sensaciones inolvidables e imágenes fascinantes que devuelven al cine su poder primigenio. Conmover al espectador. Moverse con él en busca de lo desconocido.

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