DIXIE Y LA REBELIÓN ZOMBIE

Segundo asalto, segundo escalón
foto-dixieTítulo Original: DIXIE ETA MATXINADA ZONBIA Dirección: Ricardo Ramón, Beñat Beitia Guión: Daniel Torres Intérpretes: Animación Nacionalidad: España. 2014 Duración: 83 minutos ESTRENO: noviembre 2014
La suma de experiencias de Ricardo Ramón y Beñat Beitia daría lugar a la relación de la mayor parte del mejor cine de animación realizado en los últimos tres lustros en un país que maltrata a los ilus(ionad)os animadores. La relación de cadáveres anónimos, aunque no olvidados, que se han dejado tiempo, trabajo y talento para levantar una industria del cine de dibujos animados en España, es larga. En el contexto vasco, ese semillero aporta una relación que, además de larga, (a)parece extraordinariamente sólida y empecinada. Los directores de Dixie y la rebelión zombie, segunda entrega de Papá soy una zombie, dan un recital modélico del estado de la cuestión de este “otro” cine.
Y digámoslo sin demora. En poco más de 80 minutos, Dixie aporta un notable pretexto para la diversión de toda la familia. En su relato, la historia de una teenager en el paso crucial donde dejará la infancia para asumir la adolescencia, su guionista, Daniel Torres riega todo el texto con abundantes incorrecciones como para sortear toda sospecha de falta de personalidad. Pese a la sombra de Tim Burton, Dixie camina más allá de la fantasía post-Disney. Hija de padres separados, Dixie se debate entre la figura materna de fuerte personalidad que regenta una floristería, y el padre, dueño de una funeraria. Puro antagonismo para un filme que no puede desplegar el poderío formal de firmas como Pixar, la Fox o Spielberg, pero que contraataca con insolencia argumental y con una cuidada galería de personajes que encubre su ajustado presupuesto. Si el anime japonés, hizo de su escasez su principal rasgo de singularidad, este proyecto euskaldún alimenta muchos rasgos inequívocamente vernáculos. Con ellos, Dixie y la rebelión zombie aúna una aparente accesibilidad “universal” con un profundo sabor autóctono. Recomendable para ese público más menudo, en su interior late la ambición de saber que aquí también será posible hacer cine de dibujos para todo tipo de audiencias. De hecho, Dixie lo intenta.

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