EL PROTECTOR

El vengador ilustrado
foto-elprotectorTítulo Original: THE EQUALIZER Dirección: Antoine Fuqua Guión: Richard Wenk; basado en la serie de televisión creada por Michael Sloan y Richard Lindheim Intérpretes: Denzel Washington, Chloë Grace Moretz, Marton Csokas, David Harbour, Melissa Leo, Bill Pullman y David Meunier País: EE.UU. 2014. Duración: 132 minutos ESTRENO: Octubre 2014
Así como no debe confundirse el cine indie con el cine de low cost, tampoco debe equipararse como cine de autor a todo texto fílmico en el que se hace posible reconocer a su creador. Viene esto a cuento de directores como Antoine Fuqua, un realizador del que siempre se acaba por evocar un título, Training Day (2001), y ante quien conviene pasar de puntillas por el resto de una decena de olvidables títulos.
En El protector, la querencia por aquellos días de rosas y vino que supuso Training Day se refuerza con el reencuentro entre el director y el principal protagonista: Denzel Washington.
Construido para gloria y lucimiento de Denzel, El protector se mueve en un territorio mil veces hollado por el cine de acción de los últimos cuarenta años. Con un argumento mínimo, Fuqua desarrolla en pantalla grande lo que fue engendrado para la televisión, la historia de un justiciero retirado del aparato del Estado, pero atraído ¿y forzado? por los circunstancias a tomarse la venganza por su mano.
Fuqua no se distingue por poseer un discurso propio, ni un concepto del universo. Así que con poco que decir, El protector parece una deformación del cine ochentero transitado por justicieros de métodos tan violentos como reaccionarios.
Nada nuevo en el cine de evasión salvo que a estas alturas, y con el presupuesto con el que se cuenta en este caso, el filme se beneficia de algunos excesos y desvaríos. Quizá, un profesional con más sentido del humor que Fuqua hubiera podido darle algún significado a ese cocktail explosivo que agita en el mismo recipiente a John Woo con Quentin Tarantino. No es el caso, Nos queda, eso sí, un final delirante y malogrado en un escenario singular, una suerte de Leroy Merlín revisitado como un polvorín lleno de instrumentos letales. 

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