EL AMOR ES UN CRIMEN PERFECTO

Doctor Casanova y Mr. Hyde
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Título Original: L´AMOUR ES UN CRIME PARFAIT Dirección y guión: Arnaud y Jean-Marie Larrieu a partir de la novela de Philippe Djia Intérpretes: Mathieu Amalric, Maïwenn , Karin Viard, Denis Podalydès y Sara Forestier País: Francia. 2013. Duración: 110 minutos ESTRENO: Septiembre 2014
 
Ni Buñuel los hubiera arrojado de su mesa, ni Chabrol hubiera desaprovechado la oportunidad de compartir con ellos una acalorada sobremesa. Aunque todavía no aporten credenciales suficientes como para estar a su lado, los hermanos Larrieu siguen sus huellas. Como también podríamos incluir en ese lista a Raúl Ruiz, un cineasta errante que, de haber tenido la posibilidad de compartir su pulsión narrativa, hubiera compartido con ellos esos guiones imaginados que se pierden en el territorio de la quimera. Ese otro cine que jamás llegará a una pantalla. Cine bizarro como éste que aquí habita. Cine nacido de quienes muestran una devoción incontrolada por los misterios del sexo femenino y rinden un fervoroso culto a la llamada del placer de la carne. Ambos factores, la muerte y el erotismo se entrelazan en el cine de los hermanos Larrieu como un abrazo fundacional de ecos surrealistas, de matices absurdos y de irreverencia y beligerancia ante la lógica.
Eso hace que El amor es un crimen perfecto ofrezca en estado puro las claves de estos cineastas franceses que, película a película, relato a relato, no se han apartado de un ideario que evita lo convencional. Heterodoxos en una cinematografía tolerante como ninguna, los Larrieu construyen en esta cinta una inquietante figura masculina. Su protagonista, Mathieu Amalric, viejo amigo de los hermanos y protagonista y alter ego del Polanski de Venus in Furs – también Polanski pertenece a ese club de devotos de la llamada perversa-, encarna un personaje masculino, un Don Juan incestuoso y atormentado, un enamorado de la literatura y el sexo femenino que teme la vida y el compromiso. Con él y para él nace un thriller frío y vibrante, hielo y fuego con ecos turbios como los que tentaron al Martín Cuenca de Caníbal.

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