ANTES DEL FRÍO INVIERNO

Más allá de lo escondido
antesdelfrioinvierno
Título Original: AVANT L´HIVER Dirección y guión: Philippe Claudel Música: André Dziezuk Fotografía: Denis Lenoir Intérpretes: Kristin Scott Thomas, Daniel Auteuil, Leïla Bekhti, Vicky Krieps, Richard Berry y Jérôme Varanfrain País: Francia. 2013 Duración: 103 minutos ESTRENO: Septiembre 2014
 
Los ecos de misterio que resuenan en esta crónica otoñal parecen entonar la misma melodía que Haneke musitaba en Caché/Escondido. Allí, el McGuffin, caballo de Troya del abismo argumental, era una cinta de vídeo; aquí ramos de rosas rojas que lo inundan todo. La presencia de Daniel Auteuil en ambos títulos contribuye a reforzar esa sensación de paralelismo. Esa asociación, inevitable en buena medida, representa un arma de doble filo. Echar un pulso a Haneke, maestro de la tensión y buzo virtuoso que no teme descender a las fosas de la condición humana más allí de donde la mayoría de los cineastas se queda sin oxígeno, representa un reto complicado para un director como Philippe Claudel. Y sin embargo, Claudel, que sin duda pierde en la comparación, no sale tan mal parado.
Entre otras cosas porque Antes del frío invierno no se conforma con ser un ejercicio de repetición, por más que incorpore algunos estilemas prestados.
Claudel, escritor antes que director de cine y profesor de Antropología al mismo tiempo que iba escribiendo sus novelas, ofrece una personalidad cuyas incógnitas permanecen sin despejar. Debutó en 2008 con Hace mucho que te quiero, premio César a la mejor ópera prima. Tres años después rodó Silencio de amor. La primera miraba a Rohmer y brindaba a su protagonista, la misma que aquí, Kristin Scott Thomas, un trágico papel de mutismo y angustia. La segunda, una tarantela con vocación de populismo, buscaba en Nanni Moretti el faro fundido que pudiera llevarle a un buen destino. Ahora, no se trata de Rohmer, ni de Moretti, ni siquiera de Chabrol, que siempre le anda cerca, ni de Simenon, al que tanto se acogía cuando era solo escritor. Ahora es el citado autor de Amor la llave que pone en marcha la que, pese a todo, es la mejor de sus tres películas.
Claudel, como explicita su título, disecciona la fragilidad emocional y la vulnerabilidad del equilibrio conyugal de un matrimonio de clase alta en ese momento en el que la jubilación se entrevé cercana. Justo cuando el frío de la vejez congela los sentidos.
Él es un brillante neurocirujano de manos precisas y mirada ausente. Ha pasado tanto tiempo escrutando a través del microscopio y las radiografías las raices de la enfermedad que apenas tiene mirada para quienes le rodean. Ella, cultiva un jardín que le sirve de refugio. A su alrededor, un amigo fiel y un hijo ambicioso y casado, que los ha convertido en abuelos.
A ese cuadro familiar aplica Claudel una lupa de aumento para apreciar las grietas y las debilidades, los parches y los remiendos. El argumento podría haberse estrellado en los arrecifes de la convención: infidelidad de hombre maduro, secretos de alcoba convencionales, mentiras y enmascaramientos mil veces retratados en el cine. No es así. Claudel, cuya temeraria asunción de referente de Haneke hace temer el ridículo, mantiene su filme a flote a costa de afilar su escalpelo narrativo. Con matices cotidianos, con cariño hacia los personajes, con diálogos que añaden sentido y con quiebros argumentales que prolongan el suspense del relato, la película se sostiene en pie. Una estimable película que se cuestiona cosas y que hurga en recovecos íntimos pintados sin estridencias e interpretados con solvencia. Claudel, no revisa la gran Historia de la humanidad, se conforma con cuestionarse por el crepúsculo de un (¿buen?)hombre ordinario.

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