DOS MADRES PERFECTAS

Peterpanismo maternal
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Título Original: ADORE / TWO MOTHERS Dirección: Anne Fontaine Guión: Anne Fontaine; basado en la novela “Las abuelas” de Doris Lessing Intérpretes: Naomi Watts, Robin Wright, Xavier Samuel, Ben Mendelsohn, James Frecheville, Sophie Lowe y Jessica Tovey Nacionalidad: Australia y Francia. 2013 ESTRENO: Mayo 2014
 
Todo evoluciona a golpe de simetría. Todo se mueve bajo el número dos. Dos amigas, dos maridos, dos hijos, dos nueras, dos nietas… puro artificio que escribió Doris Lessing cuando había cumplido 84 años, es decir, lejos en el tiempo de su período más ilustre como escritora por más que fuera entonces, tres años después, cuando recibió el Nobel de Literatura en una decisión que levantó voces críticas. Surfista de vocación, sus obras, especialmente en los últimos tiempos, abundaron en el terreno de la ciencia ficción y la reivindicación feminista. Aunque muchas veces se sirvió de su propia biografía como referente de sus relatos, no es el caso de esta historia titulada Las abuelas.
Anne Fontaine es una realizadora nacida en Luxemburgo, actriz antes que directora y reconocida por su Coco antes de Chanel, un desmayado biopic en torno a la figura de la célebre diseñadora interpretada por una Audrey Tautou que nunca consigue quitarse el maquillaje de Amelie que le acompaña.
Hubiera hecho falta una mirada más vidriosa que la suya para percibir que, detrás de esta historia de dos amigas que en la plenitud de sus vidas se acuestan cada una con el hijo de la otra en una versión de El graduado en clave binaria, anida una perversión definitoria de la decadencia de occidente. Siempre quedará la duda de que las actrices hayan sido conscientes de la soberana insipidez de sus personajes. Si se les une Carmen Lomana podrían forman el trío Lalalá de la estulticia pija. Todo en el filme rebosa superficialidad y lujo, todo se mueve en un aborrecible tono de bienestar hedonista hecho de casas millonarias, mujeres estupendas e hijos perfectos. Tanto que ellas deciden acostarse con sus propias criaturas en un insufrible gesto endogámico, puro narcisismo de surf, bikini y testosterona. Con ecos del melodrama de los años 70, Anne Fontaine se limita a ilustrar un relato imposible al servicio de la belleza de las actrices y su mirada horrorizada frente al envejecimiento. Una suerte de peterpanismo maternal que evita consumirse en la llama del tiempo que todo lo devora.

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