IDA

La monja y la comisaria
Título Original: IDA Dirección: Pawel Pawlikowski Guion:  Pawel Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz Intérpretes: Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik y Adam Szyszkowski Nacionalidad:  Polonia. 2013 Duración:  80 minutos ESTRENO: Abril 2014
 
En justa correspondencia con el trasfondo de Ida, al final de esos 80 precisos, medidos y geométricos minutos, queda la duda y se eleva el tema de la fe. ¿Creemos o no creemos en la sinceridad artística de esta propuesta? Pawlikowski es polaco como Kieslowski, y, como el autor de La doble vida de Verónica, parece atormentado por la idiosincrasia de un país en el que se abrazan y cohabitan catolicismo y comunismo en atormentada comunión.   
Todo en Ida obedece a una voluntad de concretar una voz propia. Su elección del blanco y negro entona un monocromatismo más cercano al Bela Tarr de Satantango que al Haneke de La cinta blanca. Su encuadre y su formato niegan la convencionalidad, aunque para ello se incurre en la ortodoxia de la disidencia. Y su relato, su historia, se sabe alegórico, ejemplar, definitorio y definitivo sobre la historia ya superada de la Polonia que sobrevivió a la segunda guerra mundial.
Se sabe, porque lo cuenta el mismo Pawlikowski, que en Ida las campanas suenan a réquiem y visten de luto. Su argumento, esbozado con pocas palabras pero algunos gestos de difícil justificación para un filme que reclama rigor, giran en torno a una joven novicia en la víspera de la toma de sus votos. Pawel abre el filme con un paisaje nevado, con un cristo llevado en andas, con la emergencia de una cruz en medio de un espacio desolado. El contrapunto a Ida viene de la mano de su tía, un alto cargo del poder judicial polaco, una comunista de acero que vigila la ortodoxia y se arrastra entre el humo de cigarrillos sin límite, litros de alcohol y sexo desesperado. Una ruina cuya primera aparición hace pensar que se trata de una prostituta en el ocaso de su plenitud. Tía y sobrina viven una road movie en busca de sus familiares judíos asesinados durante el nazismo. Culpa sobre culpa y desgarro sobre desgarro. Ida avanza solemne, grave y bella pero con las cartas echadas y con la trampa de un argumento amañado. No es un personaje libre, es una bomba de relojería para noquear sensibilidades ávidas de estímulos metafísicos.

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