EL PODER DEL DINERO

Nueva cocina, viejas recetas

Título Original: PARANOIA Dirección:  Robert Luketic Guion: Barry Levy y Jason Hall; basado en la novela de Joseph Finder Intérpretes:Harrison Ford, Gary Oldman, Liam Hemsworth, Amber Heard, Richard Dreyfuss, Josh Holloway  y  Julian McMahon Nacionalidad:  EE.UU y Francia. 2013     Duración: 122 minutos ESTRENO: Febrero 2014

La sombra de lo real, por más que aquí todo sea una exagerada caricatura, acompaña desde el comienzo a los ficticios personajes de El poder del dinero del oscuro director australiano de sangre croata e italiana, Robert Luketic. Los ecos de la verdad provienen del pulso sostenido en el mundo de la ingeniería informática por Bill Gates y Steve Jobs, o si se prefiere de la guerra comercial incruenta entre Apple y Microsoft. Agazapado en esa trastienda de oscuros recovecos, la novela de Finder, en la que se inspira el filme, parece una venganza contra la megalomanía y el éxito de dos de los hombres más decisivos en el cambio del siglo XX al XXI.
A Luketic, cuya filmografía anterior es mejor no tenerla en cuenta, se le puso en las manos un guión afilado y un reparto de alta densidad y larga historia. Sin embargo, por más que Gary Oldman y Harrison Ford encabecen la relación actoral, no es a ellos a los que se les confía las riendas sino a los actores jóvenes y definitivamente planos que servirán de contrapunto a un guión insulso.
Lo mejor de El poder del dinero reside en la fabulación del impacto tecnológico en la vida del presente. En su formulación de una sociedad altamente tecnologizada y terriblemente desolada, indefensa ante la absoluta intromisión en la intimidad que representa(rá) el uso de la telefonía móvil, se esculpen los mejores momentos y las más sugerentes ideas de una trama convencional. Concebida en cuatro tiempos, como un partido de basket, cada uno marcado por las relaciones sexuales de la joven pareja protagonista, Luketic no puede mantener la tensión del relato más allá del segundo cuarto.
Cuando la fascinación por el porvenir inmediato del mundo de la telefonía se diluye en su trama argumental, se impone la evidencia de que, Luketic trata de vender una vieja historia disfrazada de modernidad. El juego de intereses, ese tablero de ajedrez que acude una vez más al ardid del cazador cazado, no es que no sea original sino que carece de convicción para perfilar personajes creíbles. Sin carne de verdad, el artificio se impone y lo que ofrece algún detalle atractivo sobre el callejón sin salida hacia el que nos encaminamos, deja paso a un desfile de modelos sin alma ni cuerpo.

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