NYMPHOMANIAC Vol. II

Lo que queda tras el desnudo 

Título Original: NYMPHOMNAIAC Vol. II Dirección y guión:  Lars von Trier  Intérpretes: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Williem Dafoe, Shia LaBeouf , Jamie Bell, Mia Goth y Udo Kier  Nacionalidad:  Dinamarca. 2013  Duración: 123 minutos ESTRENO: Enero 2014

 
Con Lars von Trier nada debe ser desestimado. El cineasta danés juega a fondo en todos y cada uno de los minutos de sus películas. Nada es fortuito, ni gratuito, ni banal. En Nymphomaniac, película estrenada en dos partes y de la que falta más de una hora que se verá en la versión que se presente en el festival de Berlín, esa afirmación cobra un especial significado. A la vista del volumen II, todo aquello que se presentía en la primera parte en medio de cierta incertidumbre y con el presagio de que su protagonista iniciaría un calvario de humillaciones, se cierra admirablemente en un círculo ritual. Se trata de un viaje de ida y vuelta y en él se ilustra la historia de una mujer desgarrada convocada a través de los ojos de un interlocutor masculino. Una víctima de un impulso sexual descontrolado en un universo masculino en opinión del cineasta siempre atrapado por la urgencia del pene.
Von Trier, en los albores de su primera mitad, mostraba a su protagonista yacente, arrojada en un patio, malherida y agonizante como un despojo violado. Para magnificar ese instante, acudía a los martilleantes sones de Rammstein, música tanzmetall tan cercana a esa ambigüedad, más narcisista que nazi, que utiliza para provocar. En los compases finales del cierre de su díptico, Von Trier recurre a los Talking Heads, pop-rock neoyorquino ochentero, del tiempo en el que empezó a recorrer su propio periplo.
Maestro de la incorrección, Lars se ha empeñado en ser el diablo cojuelo del siglo XX y XXI. Por un lado son legendarias las batallas sostenidas con sus actrices, pero por otro, su cine decididamente pone cerco con extraordinaria lucidez al desequilibrio de los roles masculinos y femeninos. El género determina la espina vertebral de su corpus cinematográfico. Con 57 años, von Trier cierra su cuarta trilogía. A ésta la llama “de la depresión”. Y la culmina echando la mirada atrás para sembrar su relato con referencias a sí mismo. Si por un lado, Nymphomaniac clausura el tríptico abierto por Anticristo y Melancolía, por otro hay indicios para señalar que estamos ante su particular 8 y medio. Hay mucho de obra total y abierta en Nymphomaniac. Argumentalmente nos cuenta la historia de Joe, una mujer en sus cincuenta años que desvela su existencia a un desconocido. Y para ello despliega todo un ritual articulado en torno a un delirio de erudición y esoterismo. Dos partes vertebradas en 5 y 3 capítulos respectivamente. El pescador completo, JerômeLa señora H, Delirio La pequeña escuela del órgano completan el primer volumen. La Iglesia oriental y occidental – El pato mudo, El espejo y La pistola; el segundo. Hay orfebrería matemática y abundantes declaraciones políticas. Nunca como ahora Lars von Trier se había aplicado tanto en la autocita y en la declaración de intenciones. Bajo la apariencia de un descenso a la obsesión sexual y el (dis)placer, Nymphomaniac se descubre como la película menos blindada de Trier. En ella, el agitador que Trier es, se muestra más vulnerable que nunca, más desarmado. Con el pretexto de abundar en los cuerpos desnudos de su protagonista y sus diferentes amantes, en medio de guiños a Tarkovski y a sí mismo; con la mirada puesta en los prejuicios y falsedades de la sociedad del presente: el antisemitismo, la pedofilia, la prostitución, los fundamentalismos, el psicoanálisis, la cultura y el conocimiento; el filme (se) dispara en múltiples direcciones. Más allá de que irrite o seduzca, aquí hay una extraordinaria acción de equilibrio entre el talento y la desesperación. Trier está roto. Pero parece dispuesto a hacerse añicos con la coherencia de quien acepta con indisimulado orgullo que fue el más raro de la clase, el solitario inteligente que, como Groucho Marx, nunca encontrará un sitio para compartir.
 
2. oldboy

 

Deja un comentario