JACK RYAN: OPERACIÓN SOMBRA

Mentiras aburridas
Título Original: JACK RYAN: SHADOW RECRUIT Dirección:  Kenneth Branagh Guion:  Adam Cozad, David Koepp; basado en los personajes creados por Tom Clancy Intérpretes: Chris Pine, Kevin Costner, Keira Knightley y  Kenneth Branagh Nacionalidad:  EE.UU. 2014    Duración:  105 minutos ESTRENO: Febrero 2014
 
Cuando se estreno Enrique V (1989), su primera película como director, le llovieron premios y parabienes. No había duda, Kenneth Branagh era alguien con el talento de Laurence Olivier decían unos; otros replicaban que en aquel joven irlandés criado en Reading flameaba la fuerza de Orson Welles. Unos y otros en realidad veían la sombra de Shakespeare porque, no en vano, antes de ser director de cine, Kenneth Branagh fue actor en la Royal Academy of Dramatic Art y lo fue porque, eso se cuenta siempre, se sintió deslumbrado al presenciar al actor Derek Jacobi (Yo, Claudio) interpretar Hamlet.  Branagh siempre ha manifestado su admiración por Jacobi y de hecho, en su segunda película, Morir todavía, contó con él como el gran villano de un thriller nada académico aunque peor recibido que Enrique V
Desde entonces, la trayectoria de Branagh ha conocido luces y sombras. Ha habido mucho Shakespeare, siempre entre lo mejor, pero también algunas cosas extrañas. La penúltima, su incursión al frente de un héroe de la Marvel; el primer Thor. Pero incluso allí, Branagh trató de defender su prestigio, algo maltrecho, convirtiendo el mundo del Valhalla vikingo en una suerte de drama con ecos de Shakespeare.
Pero si en algún tiempo Branagh trató de conformar una carrera personal, un cine de autor, eso parece olvidado. De hecho, la mayor aportación de Jack Ryan: operación sombra es certificar que Branagh ha arrojado la toalla como cineasta. En todo caso, estamos ante un profesional solvente que se adentra en el territorio ideado por Tom Clancy con dos importantes handicaps. Uno, un guión si brillantez ni enjundia. El otro, un reparto hipotecado por la necesidad de aprovechar el carisma de Chris Pine; algo que evidentemente Branagh no logra. Tampoco la presencia de un definitivamente jubilado de los papeles de protagonista, Kevin Costner, y una desperdiciada Keira Knightley cuyo personaje parece una versión insulsa del Mentiras arriesgadas que con tanto entusiasmo protagonizaron Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis bajo la batuta de James Cameron. Aquí se confunde la seriedad con lo anodino y Ryan se queda huérfano de interés, sin fuerza, pasto del olvido.

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