AL ENCUENTRO DE MR. BANKS

Traicionando a Miss Travers

Título Original: SAVING MIR. BANKS Dirección:  John Lee Hancock Guión:  Kelly Marcel y Sue Smith  Intérpretes: Tom Hanks, Emma Thompson, Colin Farrell, Paul Giamatti, Jason Schwartzman y  Bradley Whitford Nacionalidad:  EE.UU. y  Reino Unido. 2013    Duración:  125 minutos ESTRENO: Febrero 2014

 
Hay que esperar a que el filme entre en su último tercio para entender a qué se refiere el título original. Lo que el filme, dirigido por John Lee Hancock, relata es el proceso laberíntico e incluso tortuoso por el que Walt Disney consiguió (con)vencer a la escritora de Mary Poppins. O cómo el reino de Micky Mouse, llevó al cine un relato en cuyo desván habita el dolor ante una figura paterna ausente, un Edipo atravesado que convirtió a Pamela Lyndon Travers en una mujer búnker; solitaria y agria.  
A golpe de guión y con la lectura inteligente de Hancock para interpretar una partitura difícil, la película sale indemne de la sobredosis de azúcar a fuerza de airear la hiel, cuando lo fácil hubiera sido quedarse con la miel.  Desde luego Hancock parece dotado para conseguir lo que parece imposible. Eso hizo cuando logró que una actriz tan limitada como Sandra Bullock ganase un Oscar por Un sueño posible. Aquí, con un relato inspirado de manera más o menos respetuosa con la historia sobre cómo la Disney rodó Mary Poppins, Hancock proyecta un retrato muy interesante de la figura de su fundador, Walt Disney. De hecho, su intérprete, Tom Hanks, realiza en este filme una composición mucho más matizada y sugerente que esa galería de histrionismo sin freno que es Capitán Phillips. Allí, Paul Greengrass dejaba sin sujeción lo que Hancock resuelve con precisión. Y eso que había mucha dificultad en mostrar la doble cara de Disney en un filme producido desde su propia casa. 
Su Walt, la recreación de un estilo de hacer y ser en el cine de los años 60, cuando Kennedy era carne de mitología y EE.UU. se disponía a abrirse a la contracultura y el rock and roll, tiene el contrapunto en Pamela Travers, la australiana disfrazada de británica, autora de relatos infantiles y  acosada por viejos fantasmas. Hancock equilibra los momentos musicales de la Poppins de Disney con las cicatrices sin cerrar de la novelista autora del relato original. De ese modo, el drama y el divertimento adquiere un tono agridulce, inquietante, ambiguo y desconcertante. Unos verán luz allí donde otros percibirán dolor y sangre.

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