LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA

Hermanos de leche
Título Original: LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA Dirección y guión:  Daniel Sánchez Arévalo  Intérpretes:  Antonio de la Torre,  Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Miquel Fernández, Patrick Criado, Roberto Álamo, Sandra Martín, Arancha Martí y  Héctor ColoméNacionalidad: España. 2013 Duración: 101 minutos ESTRENO: Septiembre 2013
Con el fútbol como pretexto y la familia como tema, Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro, 2006; Gordos, 2009 y Primos, 2011) avanza otro pasito más en un proceso que, conscientemente o no, ha ido rebajando la tensión y la negritud de su ópera prima para introducir tonos más luminosos, más de caricatura humorística. Lo mismo acontece con los repartos. Cada vez resultan más numerosos y corales hasta ceder el protagonismo al grupo, eso sí, al grupo de la familia “numerosa”. También podría decirse que en ese deambular el cine de Sánchez Arévalo esboza una espiral hacia un cine popular/populista que aquí adquiere un disfraz deudor de la referencia al cine de Berlanga y no muy alejado de los arquetipos que, con maestría indiscutible, estableció Azcona. La cuestión es que Sánchez Arévalo se mueve entre dos direcciones que no siempre resulta posible conciliar. A un lado, está el guionista y director inquieto, amigo de descender a zonas volcánicas donde los personajes se abrasan ante la imposibilidad de dominar sus pulsiones, encadenados a sus apetencias más inconfesables y extrañas. Del otro, el profesional sensato que asume proyectos cada vez más necesitados de llegar a un público amplio para poder mantener ese equilibrio siempre en precario, siempre a punto de resquebrajarse. Con un guiño a Siete novias para siete hermanos, La gran familia española muestra sus cartas poco a poco. En ese sentido, el guionista siempre se muestra más inspirado que el director. Por decirlo de otro modo, la idea que subyace en este filme, el perfil de los personajes, las combinaciones y retratos sobre la inaprensibilidad de mundo de los sentimientos, las pasiones y los instintos siempre aparece más prometedor que su puesta en imágenes. Hay un pulso entre el Sánchez Arévalo guionista versus el director. Un duelo que, en este filme, pierde el segundo. La dificultad de encontrar el tono, la imposibilidad de ser Berlanga en la España de Rajoy y los riesgos de hacer humor en un tiempo de poca risa, lleva a situaciones exageradas, a diálogos obvios, a actuaciones histriónicas. No obstante, aunque el filme no se sostenga, Sánchez Arévalo evidencia capacidad de riesgo, ambición creativa y un trabajo actoral digno de tenerse en cuenta.

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