DE TAL PADRE, TAL HIJO de Hirokazu Kore eda

CINE ORIENTAL en el Festival de San Sebastián
La familia bien, gracias
Si aquello de que trabajar con niños es una de las cosas más odiosas a las que se puede someter un director de cine,  Kore eda ha tenido que sufrir mucho en los últimos tiempos. Sin embargo no parece que al director de Nobody knows, Kiseki o de De tal padre, tal hijo le ocurra lo que sentenciaba Hitchcok. De hecho algunos de sus mejores trabajos están salpicados de presencias infantiles cuando no protagonizados por niños.
Y es que los más pequeños son el elemento imprescindible en esas familias japonesas que dibuja Kore eda. Esas familias que se dan la bienvenida y se despiden una y otra vez, que se desean buen provecho cuando se sientan a la mesa y que disfrutan con la comida, con el paisaje o con el trabajo.  Unas familias unidas, o no, por los auténticos lazos de la sangre. Ese es el tema que el realizador se cuestiona en De tal padre, tal hijo.
Si los pequeños detalles son los que nos hacen singulares, Kore eda consigue que nos fijemos en los más mínimos. La ritualidad de muchos comportamientos japoneses refuerzan su intento. Y, por si fuera poco, sus protagonistas son tan pequeños que la sorpresa se intensifica. ¿Pero dónde encuentra Kore eda a estos niños? es una pregunta que, a poco que se comente la película, acabará por cuestionarse. ¿Dónde viven unos niños como los hermanos que protagonizaban Kiseki? ¿De dónde sale un niño de seis años que se enfrenta a un tribunal escolar para ser admitido en un colegio y se comporta como probablemente lo hará veinte años después cuando esté buscando trabajo en una empresa? Todos ello sale de un país en continua inestabilidad, que saltó del pasado al futuro sin intermedios y que se va reinventando a fuerza de mezclar las tradiciones con la última tecnología.
En esa realidad Kore eda decide retorcer el viejo refrán de “de tal palo tal astilla“. ¿Qué hacer si después de seis años de intentar transmitir a un hijo la naturaleza de uno, ese uno se entera de que no estaba educando a su hijo biológico? Y si es verdad que “Blood is thicker than water“, ¿por qué hay que enfrentarse a todas esas paradojas familiares que dinamitan cualquier convencimiento?
Kore eda, aun sabiendo que no hay respuestas, da la suya y no le importa si se sale o no de la norma. Tal vez por eso su película emociona por encima de la media. Preciso y sistemático, a su paso por el festival de San Sebastián avanzó que tiene cinco ideas en su cabeza para otros tantos nuevos proyectos. Tres se adentrarán en conflictos familiares y otras dos no. Mientras tanto, desde fuera de Japón, Spielberg negocia con él un remake en Estados Unidos de De tal padre, tal hijo. El resultado de la traslación provoca, cuando menos, una inquietante curiosidad. 
 
Blanca Oría

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