ASALTO A LA CASA BLANCA

¡Salvad a Obama!
Título Original: WHITE HOUSE DOWN Dirección: Roland Emmerich  Guión:  James Vanderbilt   Intérpretes:  Channing Tatum, Jamie Foxx, Maggie Gyllenhaal, Jason Clarke, James Woods, Richard Jenkins  y Joey King  Nacionalidad: EE.UU. 2013  Duración:  131 minutos ESTRENO: Septiembre 2013

Hay detalles que parecen gritos, pueden ser pequeñas costuras en el fuselaje fílmico (hablamos de cine) pero provocan graves dudas sobre la seriedad del prototipo. Suele pasar con los guiones. Allí donde en la palabra escrita se percibe una arruga extraña, un abrochamiento artificial, un forzamiento al verosímil; en la pantalla, ante la imagen expandida, la sombra deviene en tinieblas y el artificio evidencia toda su trampa, toda su vergüenza. En Asalto al poder, título español de White House Down, a los quince minutos, cuando por la Casa Blanca se pasean sujetos empecinados en poner cara de “terroristas” ante la indiferencia del servicio de seguridad, vemos cómo uno de esos asaltantes se mira en el brazo donde tiene escrito el número de la puerta en la que debe entrar. ¿Nos está diciendo el guionista que el nivel de los golpistas roza la estulticia? ¿Significa ese gesto, la desmemoria histórica de un país siempre obsesionado por atacar a los demás para no ser atacado? Lo más probable es que se trate de la falta de rigor de quienes han hecho un filme innecesario, gratuito, una mala propaganda del presidente Obama.
Son despropósitos como estos, desafectos por el armazón del relato, muestras de pereza intelectual, acciones de chapuza impropia en una producción multimillonaria, lo que evidencia la escasa calidad y el nulo interés de filmes como éste. Ahora bien, que sean malos no significa que no tengan un interés subterráneo. Aquí, ese punto de ignición, esa rúbrica que enciende las alarmas hay que leerla en clave de política interior. Asalto al poder está escrita para exaltar la figura de Obama y avalar su política, su imagen pública de esforzado combatiente por la paz. Lo que se cuenta (mal) es una trama compleja con implicaciones que van de Afghanistán a Irán pasando por Rusia. Lo que se dice es que el verdadero enemigo está en casa, en las presiones internas deseosas de aplicar el uso de la fuerza nuclear contra el enemigo exterior, contra el otro, contra la amenaza (árabe). Emmerich, un artesano alemán, se aplica con desgana en reinventarse una especie de Jungla de Cristal con presidente y niña. Lo del presidente, podría pasar. Lo de la niña, huele a naftalina. Pero ni siquiera con eso se evitará que este filme sea pasto de la polilla. 

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