COLOSIO: EL ASESINATO

El coleccionista de horrores

Título Original: COLOSIO, EL ASESINATO Dirección:  Carlos Bolado Guión:  Carlos Bolado y Hugo Rodríguez Intérpretes: José María Yazpik, Daniel Giménez Cacho, Kate del Castillo Nacionalidad: México, España, Colombia y Francia. 2012 Duración: 100 minutos ESTRENO: Julio 2013

En tierra adentro, ajena al cine que practican los internacionalmente reconocidos Del Toro, Cuarón e Iñárritu; y sin nada que ver con el cine de autor de veteranos como Ripstein y de “nuevos” cineastas pertrechados en lo singular como Reygadas, existe un cine mexicano que no mira hacia el exterior. Eso no significa que carezca de atractivo para el espectador no mexicano sino que su razón fundamental, su público, es aquél que mejor recuerda y más se reconoce en los hechos narrados.
Colosio, el asesinato recoge con fidelidad aparente y alguna libertad creativa, el asesinato del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, puesto a enfriar el 23 de marzo de 1994. Como quiera que era el candidato del partido eternamente ganador, es decir, como era seguro que sería el nuevo presidente, se trató de un magnicidio que su director y coguionista, Carlos Bolado, resuelve con aciertos y tropiezos. Bolado asume un encaje de tonos y naturalezas que,  de vez en cuando, provocan tensiones y rechazos. La personalidad del candidato asesinado, los móviles del crimen, las verdaderas razones del magnicidio y los supuestos implicados, se convierten en piezas de un juego peligroso, personajes cincelados bajo las normas del thriller político; más en la línea del cine de acción que del cine político. Colosio, el asesinato se propone un maridaje contranatura, hacer cine de evasión con un material de cine-testigo de cargo, un poco al estilo del Miguel Courtois de El Lobo (2004), Gal (2008) y Operación E (2012). De una parte prima el Bolado periodista que fue y su compromiso con la verdad de los hechos. Del otro aparece el narrador cinematográfico que tiene sobre la mesa un argumento lleno de traiciones, muertos, incertidumbres y silencios. Esa duda esencial entre el rigor y la aventura también aparece en el reparto. Algunos actores parecen de culebrón y otros presentan pliegues merecedores de un mejor resultado. Pero esos altibajos y la evidencia de la modestia del filme no arruinan del todo el interés de su relato ni la sensación final de esta radiografía de un país gravemente enfermo.  

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