AYER NO TERMINA NUNCA

Nosotros que nos quisimos tanto

Título Original: AYER NO TERMINA NUNCA Dirección: Isabel Coixet Guión: Isabel Coixet; inspirado libremente en “Gif”, de Lot Vekemans Intérpretes: Javier Cámara y Candela Peña Nacionalidad: España. 2013 Duración:  108minutos ESTRENO: Mayo 2013

A la vista de lo que acontece en Ayer no termina nunca se le podría cantar a Isabel Coixet aquello de “lo tuyo es puro teatro”. Lo que hace Coixet en este filme, nada sabe y en nada reconoce el hacer de Bresson. Aquí no hay búsqueda alguna de la autenticidad que debería sostener este ensayo en torno al (des)encuentro de una pareja desgarrada y (des)unida por el dolor de una muerte. La  esforzada interpretación de una brillante Candela Peña y un eficaz Javier Cámara no traspasa jamás la cuarta pared. Hay diálogos capaces de penetrar en la hondura del tema; hay momentos de singular dramatismo, de inspirada conjunción entre Peña y Cámara pero no hay nunca la continuidad necesaria para que emerja ese duende por el que los actores desaparecen fundidos en sus personajes. Al contrario, quien irrumpe de vez en cuando es la propia Isabel Coixet, sus tics personales, sus muecas imposibles, trasladadas con disciplina por Candela Peña.   

Coixet lleva unos cuantos años dispersa, desorientada. Ni Elegy (2008), ni Mapa de los sonidos de Tokio (2009), ni su documental homenaje a Garzón y sobre todo, ni este Ayer no termina nunca, nos devuelve la entonada poética que títulos como Cosas que nunca te dije (1996), Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005) le abrieron las puertas de la atención internacional.
Coixet, sin duda imbuida por su meritorio compromiso con la actualidad española, abre su filme con pinceladas de su desconcertante humor. Un titular de periódico nos advierte del décimo balón de oro para Messi, un libro de su mentor y amigo John Berger le rinde un homenaje-guiño y la política-ficción de una España en un futuro próximo aquejada por la pobreza y el paro, marcan el inicio de una representación teatral al más puro estilo Tennessee WilliamsCoixet sitúa a sus dos únicos intérpretes en un paisaje desolado, una especie de escenario abstracto. En él, Coixet se sirve del choque exterior y del diálogo interior para reafirmar el resquebrajamiento de dos personas que un día se amaron y que todavía conservan el tenue pero resistente hilo de lo que fueron. Usa y abusa del plano detalle y del primer plano para convertir en cine lo que es teatro, irregular teatro filmado con impostura. 

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