LA NOCHE MÁS OSCURA

La caza y la legitimación

Título Original: ZERO DARK THIRTY Dirección: Kathryn Bigelow   Guión: Mark Boal Intérpretes: Jessica Chastain, Jason Clarke, Joel Edgerton, Jennifer Ehle, Mark Strong, Kyle Chandler , Edgar Ramirez, Reda Kateb y James Gandolfini Nacionalidad: EE.UU. 2012  Duración:  157 minutos ESTRENO: Enero 2013


La quinta acepción de la palabra oscuridad según el diccionario de la RAE señala que ésta significa “carencia de noticias acerca de un hecho o de sus causas y circunstancias”. En los 157 excesivos minutos que dura el filme de Kathryn Bigelow, por más que abunden nombres, fechas, citas y hechos crece monstruoso un monumento a las medias verdades, a la superficialidad del cine cuando con sus instrumentos se hacen películas al servicio de una justificación. Ciertamente el título en castellano de Zero Dark Thirty, palpa una verdad indiscutible: el filme de la vigorosa realizadora de En tierra hostil rebosa oscuridad. De hecho empieza con la pantalla fundida en negro, un telón de horror sobre el que se oyen los sucesos del 11 S. Oscuridad sospechosa que reconstruye la caza del enemigo público nº 1 de los EE.UU. de la era Bush-Obama. En este filme se asiste a un proceso tanto más irritante por sus permanentes manipulaciones como fascinante resulta la bella reconstrucción de un proceso que busca complicidad y da espectáculo.
Lo que arranca con una escalofriante escena de tortura desemboca en una secuencia poderosa y ensimismada en la que se muestra cómo se asesinó a Bin Laden. Bigelow recorre un camino peligroso que amanece ilustrando algo tan injustificable como la tortura, y que cierra el viaje filmando con singular deleite un crimen de estado. Se diría que hay menos sensibilidad y capacidad de reflexión en La noche más oscura que en todos los Rambos juntos. La diferencia es que, inexplicablemente, se quiera ver en este filme lo que este filme no tiene. Bigelow, que en su anterior película había mostrado una perspicacia demoledora para sugerir los bordes de la locura que envuelve a la violencia militar, esboza aquí un falso cine-testimonio con el pretexto de mostrar cómo se produjo la muerte de Bin Laden. En un momento del filme, los analistas políticos sugieren un insólito paralelismo entre el error sobre las armas de destrucción masiva de Hussein y el acierto de la CIA al descubrir la guarida de Laden. Un peligroso juego que en lugar de lavar una mentira hace preguntarse si esta caza de Bin Laden no seria igualmente falsa. Lo evidente es que Bigelow se ahoga en el mismo pantano donde desapareció Oliver Stone: el sensacionalismo. 

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