JACK REACHER

Un Harry para Tom Cruise

Título Original: ONE SHOT Dirección: Christopher McQuarrie  Guión:  Josh Olson y Christopher McQuarrie según la obra de Lee Child Intérpretes: Tom Cruise, Rosamund Pike, Richard Jenkins,, Werner Herzog, David Oyelowo y Robert Duvall  Nacionalidad: EE.UU. 2012     Duración:  130 minutos ESTRENO: Enero 2013


Con el crédito que le confiere el haber sido el guionista de Sospechosos habituales, Christopher McQuarrie insiste con Jack Reacher , su segundo largometraje como director, en su querencia por los trampantojos policiacos. Como en el celebrado filme de Bryan Singer, en Jack Reacher McQuarrie practica un ilusionismo noir, un juego de apariencias donde (com)prueba la tendencia irreprimible del ser humano para ser engañado. A McQuarrie le tienta ensayar sobre  la debilidad del ojo y la veleidad del juicio. Digamos que Jack Reacher (a)parece como un híbrido fílmico, una muñeca rusa que cambia de aspecto y naturaleza conforme sus capas se deshacen. De hecho podríamos establecer cuatro registros diferenciados. 

Posee un arranque brioso, al galope. Un montaje acelerado y sin palabras. Hace birlibirloque en sus arabescos para, con una eficacia absoluta, resumir en un puñado de segundos lo que podría haber sido toda una película. En un par de minutos asistimos a cinco asesinatos y a una detención fruto de las hábiles pesquisas policiales. Un casquillo encontrado en el lugar de los hechos, una moneda con la huella de un dígito en su cara, un historial con precedentes, un interrogatorio para sacar una confesión y una petición: ¡Llamad a Jack Reacher!
Ahí, cuando han pasado más cosas que en muchas películas, se cierran los créditos y empieza la historia. Y lo que viene a continuación, levantado sobre una de las novelas que Lee Child ha escrito con el personaje de Reacher como protagonista, One shot, se alza sobre la suma de tres décadas. El cine setentero en donde se mezcla el Eastwood de Harry, con los personajes de Hackman y McQueen; el ochentero de los Stallone, Willis y compañía y el propio de cine del final de los noventa, algo de Tarantino, mucho de Singer y unos toques de comedia sorprendentes por cuanto aparecen como relámpagos en una noche sin nube alguna. El resultado tiene mucho de tobogán y de divertimento. Y también de confirmación de que Tom Cruise, cansado de deambular por los meandros de un cine serio con ambiciones artísticas, parece asumir que lo mejor que ha hecho en los últimos años es Misión imposible. Y aquí hace algo parecido pero en clave de caricatura desenfadada.

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