INVASOR

Soldado malo, soldado bueno

Título Original: INVASOR Dirección: Daniel Calparsoro  Guion: Javier Gullón y Jorge Arenillas, según la obra de Fernando Marías Intérpretes: Alberto Ammann, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Karra Elejalde, Luis Zahera, Bernabé Fernández y Sofía Oria Nacionalidad:  España y Francia. 2012 Duración: 99 minutos


Cuando en 1995 Calparsoro presentó Salto al vacío, el mismo año que en Cannes Historias del Kronen participaba en la competición oficial, surgió un animado debate sobre ese punto de inflexión en el que parecía haber entrado la cinematografía española. El cine de Calparsoro, comparado con el de Armendáriz, era leído y recibido como un puñetazo en el estómago, un cine de sierra y desesperación. Sus personajes no hablaban, susurraban; el telón de fondo carecía de definición, y la acción era pura gestualidad apocalíptica. No había allí ni deseo de cartografiar algo ni pretensión de diagnosticar nada. Desesperación, rabia y una suerte de tardío neopunk de geografía vasca. 
Han pasado 17 años y a Calparsoro, sin llegar a la inanición de Juanma Bajo Ulloa, tampoco le ha ido bien. Sus siguientes puñetazos fílmicos: A ciegas, Asfalto, Guerreros, Ausentes,… perdían en el celuloide la fuerza que parecía brotar de las ideas argumentales. Hubo, a partir de 2005, un punto de inflexión, un cambio sustancial. Años en los que Calparsoro trabajó en televisión, una suerte de peregrinaje por el desierto para recuperar ahora en Invasor algo que siempre le ha caracterizado: ambición. A Calparsoro se le pueden detectar debilidades como narrador y querencias obsesivas por el tremendismo, pero eso no debe impedir valorar su actitud insolente ante la realidad y su falta de complejos para abordar proyectos sin apenas medios. En eso no ha cambiado. De hecho Invasor penetra en una zona de guerra hegemonizada por el cine de Hollywood. Calparsoro, que siempre se ha sentido tentado por husmear en las cloacas de la violencia, el poder y la corrupción, esboza a partir de la historia de Fernando Marías, una denuncia sobre la brutalidad del poder (civil y militar). Urdida como un salto atrás por el que su principal protagonista herido de gravedad en Irak reconstruye poco a poco los hechos que rodearon su “accidente”, Calparsoro mezcla cine bélico con intriga. Sangre y sombras para transitar por un terreno en el que el cine yanqui ha logrado excelentes películas y a las que Calparsoro responde con una esforzada y limitada réplica. Ahora Calparsoro filma mejor y cuenta con una buena interpretación, pero su obra se resquebraja por un guión que se desvitaliza.

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