HEADHUNTERS

Las tribulaciones de un hombre pequeño
 
Título Original: HODEJEGERME Dirección:  Morten Tyldum  Guión : Ulf  Ryberg y Lars Gudmestad según la novela de Jo Nesbø  Intérpretes: Aksel Hennie, Synnøve Macody Lund, Nikolaj Coster-Waldau y Julie R. Ølgaard Nacionalidad: Noruega. 2011   Duración: 101 minutos ESTRENO: Agosto 2012
Aunque el reclamo con el que se vende Headhunters alude directamente a la trilogía Millennium, o sea a la versión sueca del célebre best seller de Stieg Larsson (menos inspirada que la adaptación de David Fincher), se impone la evidencia de que el modelo de partida de este ejercicio de orfebrería narrativa mira de soslayo el cine de Guy Ritchie y Danni Boyle. O sea, el cine moderno de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Un cine cínico y anfetamínico, pura y burda representación-artificio donde el relato nos es recitado subjetivamente por el personaje principal y donde la sucesión de retruécanos argumentales impone el golpe de ingenio para esconder la falta de genio.
Recordemos ese tiempo del final de los 90 y descendamos a las felices cloacas del arte británico. En aquellos años, entre Trainspotting (1996) y Lock and Stock (1998), dos de las obras seminales de Boyle y Ritchie respectivamente, en septiembre de 1997, la Royal Academy de Londres dio un golpe de autoridad, el último del siglo XX y todavía el primero y último del siglo XXI. Fue el momento de la exposición titulada Sensation: Young British Artists From the Saatchi Collection. Entre esos artistas y los cineastas citados, entonces no se sabía pero ahora sí podemos certificarlo, se extendía el signo de los tiempos: la crisis. Algo que ahora impone sus efectos. No hablamos tanto de agonía económica sino de derrumbe de modelos ideológicos y éticos. La caída del muro de Berlín mostró un horizonte sin puntos de referencia, el vacío. En el caso de la citada exposición, Sensation, la procacidad de algunas imágenes provocó el escándalo. Entre las piezas que más irritaron estaba un cuadro inmenso firmado por Marcus Harvey. Se trataba de una recreación de una fotografía de Myra Hindley, una asesina de Manchester. Una psicótica criminal culpable de haber violado y asesinado en los años sesenta a cinco niños. Aquel gigantesco retrato había sido recreado por Harvey utilizando una plantilla con huellas de manos y pies de niños semejantes a las víctimas. ¿Glorificación o denuncia? ¿Sensacionalismo o reflexión? Para ese tiempo, el fuera del campo como el espacio invisible donde se conjura lo innominable, un espacio escrupulosamente respetado por los clásicos, como el muro de Berlín, había desaparecido. A ¿diferencia? de los Young British Artists, el cine británico de la posmodernidad unió  a esa falta de sujeción ante las imágenes del horror, la despreocupación de quien pretende ¿tan sólo? entretener.  Ahora y desde Noruega, envalentonados por el dominio de un montaje ágil y efectista, Headhunters, bajo el disfraz de un filme de suspense, de ladrones burlados y agentes sin escrúpulos, propone un divertimento imitando sus pasos.
Su guión posee sólidas costuras y sobrada capacidad para establecer algunos quiebros argumentales que acaban encajando sobre sí mismos como una arquitectura de férrea cimentación.  Aunque noruego, Morten Tyldum parece inspirarse en sus vecinos suecos y fabrica este Headhunters con el sistema Ikea. Con esto se quiere significar que estamos ante un cine de buen diseño pero efímeros y/o baratos materiales. Cine que conoce lo bueno y que aparenta que lo es. O sea, que entretiene, que se ajusta a los cánones del gusto actual y que cumple con creces con su cometido.
No falta ni sobra pieza alguna pero nada en este Headhunters, que une el mundo del arte y la falsificación con el de los altos ejecutivos y la reputación, acaba siendo especial. Nada perdurará aunque todo se recuerde como bien hecho. Se ve fácil, se comprende mejor; se percibe como solvente pero no concita entusiasmo alguno. Basta con intentar describir a sus actores para saber qué ocurrirá con ella en un futuro cercano.

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