EL AMIGO DE MI HERMANA

Triángulo escaleno


Título Original: YOU SISTER´S SISTER Dirección y guión:   Lynn Shelton  Intérpretes: Emily Blunt, Rosemarie DeWitt y Mark Duplass Fotografía: Benjamin Kasulke  Música: Vince Smith   Producción: Steven Schardt  Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración:  90 minutos ESTRENO: Septiembre 2012


En el comienzo, El amigo de mi hermana parece cimentarse sobre los restos del día después de Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992). Aquí -como allí en su desenlace-, un grupo de colegas evoca el vacío del amigo muerto y rumia su pérdida. Se trata de una suerte de conjuro ante la parca que da lugar a un discurso ácido y lúcido sobre el recuerdo. Lejos de tropezar en los lugares comunes, el personaje masculino protagonista del trío sentimental que se avecina, rinde tributo a su hermano fallecido reinvindicando, no las palabras huecas de la huella idealizada, sino la verdad espinosa pero real del cómo era. ¿Sinceridad, madurez? No; más bien cierto resentimiento que para la segunda secuencia quedará al descubierto. El hermano muerto se acostó con la mujer de sus sueños y eso rasga. En la tercera secuencia, el nudo se enreda y lo que parecía una obra coral deviene en cine de cámara, en un tres en raya altamente improbable y muy lejos de la prudencia que exige la ley del verosímil. Ése es su riesgo, su encanto y su talón de Aquiles, por el que le corroen las pegas.
Su directora y guionista, Lynn Shelton, pertenece a la corte escogida de Sundance, ese clan de autores emergentes empecinados en que no se apaguen las brasas del llamado cine indie, algo que no debe confundirse con lo que fue el cine independiente de los años 60. Este cine indie teje frescos de una generación que se mueve entre los veintimuchos y treintaybastantes, con predominio de WASP, en general sin problemas económicos y con trabajos cuya servidumbre jamás es digna de ser mostrada. Fiel a este modelo en El amigo de mi hermana se habla mucho para reflejar las derivas sentimentales de un tiempo en el que las nuevas opciones sexuales son asumidas con normalidad. Menos transgresora de lo que pretende, la aparente mordacidad inicial de su propuesta cede terreno a la recreación de un triángulo afectivo de difícil equilibrio pero de eficaz puesta en escena. Los intérpretes se aplican con entusiasmo y la directora sin estridencias describe un paisaje en el que abundan modelos de referencia; desde Allen, siempre que en un filme americano se habla mucho se evoca a Allen, a  Richard Linklater. O sea, más madera para la nueva comedia americana.

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