DESAFÍO TOTAL

Más efectos, menos diversión 


Título Original: TOTAL RECALL Dirección:  Len Wiseman  Guion: Mark Bomback y Kurt Wimmer; basado en un relato corto de Philip K. Dick Intérpretes:  Colin Farrell , Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston, Bill Nighy y John Cho Nacionalidad:  EE.UU. 2011 Duración:  131 minutos ESTRENO: Septiembre 2012

Ante el decepcionante resultado que aporta la adaptación que Len Wiseman ha hecho de la película de Paul Verhoeven, Desafío Total, se ha convertido en un lugar común argumentar contra la innecesidad del remake, como si la culpa del mal hacer de Wiseman recayese en la inconveniencia del arte de la versión y no en la incompetencia de su trabajo. El “rehacer” en el mundo oriental, ajeno a la pulsión de originalidad que domina a occidente, busca la senda hacia la perfección. Sin llegar a la obstinación asiática, ese rehacer, recontar, repensar ofrece la posibilidad de apreciar el estilo, de comprender la puesta en escena y de abordar un mismo argumento desde puntos de vista diferentes lo que ayuda a madurar la percepción crítica del espectador. Nada malo hay pues en la naturaleza del remake; adaptar es releer con inteligencia.
De momento habrá que conceder que Len Wiseman, al encallar con el sugerente relato de Philip K. Dick, revaloriza la memoria del cineasta holandés de quien desde El libro negro (2007), magnífica introspección en el sentimiento de culpa del colaboracionismo nazi en Holanda, no ha vuelto a dirigir. También habrá que acordar que pese al prejuicio con el que se recibe a Schwarzenegger, un actor-palo heredero del hierático pasar y pesar de otro ilustre conservador como Charlton Heston, su personaje divertía más que el que Farrell desarrolla bajo la batuta de un realizador que asume algunos cambios tan caprichosos como innecesarios.
Con respecto al filme de Verhoeven, el de Wiseman da algunos pellizcos al argumento que obedecen más al deseo de sorprender al espectador avisado del modelo de partida que a profundizar en el relato. Esto afecta extraordinariamente al personaje de Beckinsale, el mismo que en el filme precedente encarnó Sharon Stone y que aquí se dibuja con una carga de odio obsesivo tan inexplicable como inexplicado. Poco importa que Wiseman se beneficie de una parafernalia técnica que hace parecer cartón-piedra el trabajo de Verhoeven. Al contrario, lo que aquí rezuma cliché, efectismo y verborrea es el diseño de los personajes cuya comparación evidencia que el remake no es cosa de medios sino de sensibilidad, talento y algo que decir. Lamentablemente en Wiseman no hay nada.

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