BONSÁI

El artificio de lo empequeñecido
Título Original: BONSÁI Dirección: Cristián Jiménez Guion: Cristián Jiménez; basado en la novela de Alejandro Zambra Intérpretes:  Diego Noguera, Natalia Galgani, Gabriela Arancibia, Trinidad González y Hugo Medina  Nacionalidad:  Chile, Francia, Argentina y Portugal, 2012    Duración: 95 minutos ESTRENO: Agosto 2012
Como adelanta su título, Christian Jímenez, el director chileno de Bonsái,  ha escogido para su segundo largometraje hablar de cosas profundas en formato minúsculo. Eso alumbra una extraña película que se atreve a disertar sobre el misterio de la creación y el amor con la petulancia de un adolescente ebrio de insegura seguridad. Hay algo en este experimento formal que ata la indolencia de lo amateur con la ambición de la maestría. Un estremecimiento que evoca el hacer de esos niños cantores que imitan a los adultos provocando una suerte de perplejidad, sensación que despierta en sus progenitores un gozo incomprensible y en los espectadores ajenos a sus gracias, una suerte de escalofrío al percibir cómo se atenta contra la biología y el sentido común.
Cristián Jiménez, cineasta chileno forjado en Inglaterra y respaldado por el festival de Cannes, que no dudó en acoger esta película en su seno, levanta su obra sobre la novela de Alejandro Zambra (Santiago, 1975), poeta y narrador también chileno considerado como una de las grandes promesas de su generación. Es decir, Bonsái surge del cruce de dos representantes de la nueva generación de autores chilenos, generación que en nada recuerda el hacer de compatriotas como el recientemente fallecido Raul Ruiz o el siempre activo Patricio Guzmán.
Al contrario. La realidad inmediata y lo surreal poco tienen que hacer en este filme que se siente más ligado al cine francés de los años sesenta. Una influencia que aquí se revela extremadamente frágil a causa de una retórica sobrecargada. Ha llovido demasiado sobre este mismo territorio como para sorprender de nuevo. Por eso mismo, todo en Bonsái rebosa artificio, enmascaramiento, ritual e impostura. Todo en este filme de ecos y simetrías, de transcendencias y banalidades deriva hacia una puesta en escena que no obedece a la casuística interna de su relato sino a la efectividad estética de lo que se muestra. Sin duda Cristián apela a la necesidad del distanciamiento del espectador, exige de su mirada la atención de quien se admira ante la perfección de lo recreado. Si esa es la opción del espectador, encontrará algún interés; si lo que le interesa es adentrarse en los recovecos de la creación y de los sentimientos, aquí nada podrá hallar.

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