LAS CHICAS DE LA SEXTA PLANTA

Paella, toros y pasión española 
Título Original: LES FEMMES DU 6ÈME ÉTAGE Dirección : Philippe Le Guay   Guión: Philippe Le Guay y  Jérôme Tonnerre  Intérpretes: Fabrice Luchini, Sandrine Kiberlain, Natalia Verbeke, Lola Dueñas, Carmen Maura, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán y  Annie Mercier   Nacionalidad:  Francia.  2010    Duración: 106 minutos ESTRENO: Junio 2012

Inspirada en los propios recuerdos del realizador y coguionista del filme, Philipe Le Guay, no cabe duda de que el contenido de esta comedia sentimental trenzada con tópicos y prejuicios ha sido acunado por el vaivén de la nostalgia. Las chicas de la sexta planta reverdece su recuerdo de las emigrantes españolas que en los años 60 eran reconocidas como “las chambres”. Mujeres jóvenes en su mayoría que emigraron a París y a las principales ciudades de Francia como obra de mano barata para atender las llamadas labores de la casa. Limpiar, cocinar, cuidar de los niños,… chachas de baja formación escolar e infinita paciencia masticada por la necesidad y la urgencia. Con ellas, y en homenaje a ellas, Le Guay idea un relato coral tan anodino como bienintencionado, tan superficial como irrelevante; tan inverosímil como populista. Su argumento se yergue sobre la idea del contraste. Arriba, en la última planta de las mejores casas parisinas, en habitaciones sin baño privado y con escalera de servicio, habitan ellas. Abajo los dueños, que desconocen casi todo de ellas. 
Como en Shall we  Dance?, un filme japonés rehecho por Hollywood al servicio de Richard Gere, el núcleo duro del relato nace de la hipotética e inverosímil relación entre diferentes. En el fondo, se recrea la sempiterna cantinela de la cenicienta; la historia del príncipe y la corista; otra vuelta de tuerca a Pigmalión. Hombre maduro adinerado y aburrido por un matrimonio convencional se siente atraído por la joven española que encierra un pequeño secreto y ejerce sobre él una evidente atracción física. Con humor suave y rasgos caricaturescos conviene desterrar cualquier anhelo de reflexión realista. Es más, cuando el filme trata de hacer sociología histórica, con el incomprensible personaje que representa Lola Dueñas, la roja, es cuando resulta más falso y demagógico. Ahí es donde se hace más insufrible el discurso de esta película de tópicos que se mantiene en pie por la destreza interpretativa de sus actrices, casi todas españolas. ¿Se puede empeorar? Sí, si se asiste a la versión doblada, con todo el mundo hablando en castellano en el París de los 60; unos con acento de chiste a lo Paco Martínez Soria, y otros desdoblándose en situaciones tan ridiculizantes como ridículas.

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