LA MALDICIÓN DE ROOKFORD

Innovación y complacencia
Título Original: THE AWAKENING Dirección: Nick Murphy  Guión: Nick Murphy y Stephen Volk  Intérpretes: Rebecca Hall, Dominic West, Imelda Staunton, Isaac Hempstead-Wright, Lucy Cohu y Diana Kent Nacionalidad: Reino Unido. 2011  Duración: 127 minutos ESTRENO: Mayo 2012
En una secuencia inspirada por Psicosis,  el personaje convincentemente interpretado por Rebecca Hall,  descubre un pequeño orificio en la pared, un agujero por el que, llevada por su curiosidad, ve al personaje interpretado por Dominic West. Sin duda es una inversión de género, ¿una perversión?; no es el hombre quien acecha, sino que él es el acechado. Está dándose un baño, desnudo. Ella lo contempla con interés y entonces le es dado apreciar a esa mujer que no cree en los fantasmas, la herida abierta y alimentada con enfermiza desazón por un hombre por el que ella siente una reprimida atracción. Poco después, se repite la escena, invertida como en un espejo. Será ella quien al darse un baño tras un ¿accidente? provocado por su pulsión de muerte gritará al otro, al que supone que le mira como ella miró. Instantes después descubrirá en una casa de muñecas, a escala de la propia casa en la que habita, escenas de todo lo que hasta ese momento ha pasado. escenas de sí misma.
En esos instantes sabemos que se está asistiendo a uno de los sugerentes e iconoclasta thriller psicológicos de los últimos años. Para llegar hasta allí se ha contado con una fotografía de luces gélidas y pretextos canónicos. Un colegio de niños, fantasmas que aparecen, un asesinato irresuelto en el pasado,… material incapaz de abismarse en zonas perversas pero que inopinadamente Murphy consigue potenciar de manera inquietante y renovadora.
Así, lo que prometía ser una incursión correcta por las huellas de Los otros y El orfanato alcanza en su zona central alturas inesperadas. Sin embargo, a partir de ahí, el debutante Nick Murphy en lugar de abrazarse a esa mirada extraviada en la que se mezcla el horror real de la primera guerra mundial con el alivio sensorial de los relatos fantásticos de finales del XIX, se rinde a la convención de resolver un enigma que se rinde a lo obvio. Esa decepción no anula la entrega de Rebeca Hall, ni la serena elección de música y luz, ni la sensación de saber que su director podrá bucear en aguas menos convencionales si de verdad lo intenta.

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