GRUPO 7

Sevilla. Confidential

Título Original: GRUPO 7 Dirección: Alberto Rodríguez Guión: Rafael Cobos Intérpretes: Antonio de la Torre, Mario Casas, Inma Cuesta, José Manuel Poga, Joaquín Núñez, Julián Villagrán y Carlos Olalla Nacionalidad: España. 2012 Duración: 95 minutos ESTRENO: Abril 2012

A Alberto Rodríguez, uno de los más competentes directores del cine actual, siempre le toca bailar con la más fea. O por decirlo de otra manera, pese a presentar una trayectoria solida: 7 vírgenes (2005), After (2009) y Grupo 7 (2012); da la impresión de que la suerte le da la espalda. Y no será porque no la busca. Fijémonos en esa insistencia en aferrarse al siete, el número simbólico de la perfección y el Apocalipsis; un gesto volitivo que arroja alguna pista sobre la personalidad de este profesional sevillano que se mueve con destreza por una tierra de nadie donde lo real y lo genérico, la acción y la emoción trenzan un cine insólito, intenso, oscuro y sin optimismo.
Su cine merecería más atención, más público y quizá hasta mejores críticas pero hasta la fecha, y Grupo 7 probablemente seguirá la misma línea, lo que su cine recibe es menos de lo que da. En 7 Vírgenes, por ejemplo, Rodríguez revalidaba con calidad las expectativas que levantó El traje, su primera obra en solitario. Dejaba a un lado las buenas intenciones de su opera prima para dar salida a un narrador con más desgarro. Y con él, a un cineasta que (de)muestra conocer bien el cine norteamericano y lanzado sin complejos a convertir Sevilla y Madrid en el escenario de un submundo de naufragios sin redención.
Grupo 7 llega en un momento en el que No habrá paz para los malvados ha barrido en todos los frentes. Como el filme de Urbizu, Grupo 7 se adentra en el casi inexistente territorio del cine policiaco español. Tantos años de convertir a la Policía en guardián de la voluntad política franquista y tantos años de servir a una censura que impedía mostrar las cloacas del Estado y el estercolero criminal de la sociedad, que aquí hacer cine negro se convirtió en un milagro.
En Grupo 7, Rodríguez se remonta a los años anteriores a la Sevilla de la Expo 92. Un tiempo extraño marcado por la liquidación de los restos marginales que dejó la transición. Eso es, un puñado de yonquis convertidos en carne de sida con el alma en descomposición. La épica de los macarras de barrio, de los vaquillas y el pico, se sabía ruina sin remisión. En ese contexto, Rodríguez coloca la cámara al servicio de cuatro policías dedicados a combatir el narcotráfico. Han recibido el encargo de limpiar Sevilla y a ello se dedican en un proceso que Rodríguez utiliza para establecer una filigrana sobre la soledad y el fracaso.
La espina dorsal que articula el relato de Grupo 7 sabe más de El príncipe de la ciudad (1981) de Lumet que de The Wire, por citar un ejemplo de textos fílmicos que abunden en los recovecos de la profesión policial. Dicho de otro modo, Rodríguez acude a las fuentes originarias, al cine de los 80, al tiempo del desencanto en el que las utopías parecían haber claudicado. Pero también puede percibirse en Grupo 7 la sombra del Tavernier de Capitán Conan, un ejercicio adulto sobre la contradicción moral que representa ejercer la violencia para (de)tener el horror. Rodríguez y Cobos, su guionista, no sólo siembran con inusitada energía y tensión las escenas espectaculares sino que, al mismo tiempo, dejan en los intersticios, pequeños gestos para ahondar en la complejidad psicológica de sus personajes; reflejos de Chandler, sombras de Ellroy. De ahí que la materia actoral devenga en sustento decisivo. Se reconoce que Grupo 7 no es un filme perfecto. Pero en su imperfección, el filme deslumbra por su falta de complejos y por saber fabricar un atractivo relato sobre policías heridos por su oficio. Dicho de otro modo, Grupo 7 quizá resulte menos impactante que el filme de Urbizu pero Casas y de la Torre le aguantan bien la mirada a José Coronado. Sin embargo, en la taquilla y en la crítica, Grupo 7 recibirá peor trato.

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