CHRONICLE

Inmaduros extraordinarios
Título Original: CHRONICLE Dirección: Josh Trank Guión: Max Landis según un argumento de Max Landis y Josh Trank Intérpretes: Dane DeHaan, Michael B. Jordan, Alex Russell, Michael Kelly Ashley Hinshaw Nacionalidad: Reino Unido, EE.UU 2012 Duración: 84 minutos ESTRENO: Marzo 2012
Fenómeno de taquilla en EE.UU., Chronicle ambiciona ser original pero solo lo parece. Se reclama joven y aunque lo es, eso mismo le arroja en brazos de una sensación de superficialidad extrema. En su haber presenta una excelente factura de efectos especiales. En su debe, que aunque se adentra en un terreno notable para tejer un sólido argumento, lo dilapida porque en él apenas hay diálogos merecedores de ser recordados. De modo que, al final del periplo de sus tres principales protagonistas, el espectador se despide de ellos sin que nada de ellos quede prendido en su memoria. Y sin embargo, la idea inicial -y la aparente frescura de su punto de partida-, podría haber configurado una seminal fuente para el cine de la épica contemporánea.
Josh Trank, un director debutante, se muestra como un fiel exponente de esa generación acunada por las series de televisión del siglo XXI. En Chronicle habría que hablar de Héroes y de Perdidos, pero también del Monstruoso (Cloverfield, 2008) de Matt Reeves e incluso del ya casi olvidado The Blair Witch Project de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. Pero claro está, en el tiempo de la wikipedias y del google-babel la relación de préstamos e influencias argumentales se hace interminable. Apuntando a su esencia, lo fundamental y el mayor atractivo que Chronicle presenta, nace del hecho de que, a diferencia de los superhéroes vintage a los que la voluntad o el origen les dotaba de extraordinarios dones, los protagonistas de este filme evidencian una falta de madurez extrema. La adquisición de superpoderes deviene primero en un juego, luego en drama, finalmente en tragedia. Trank, actúa como lo hiciera Altman al retratar los entresijos del mundo de la moda, en Prêt-à-Porter, (1994), en consecuencia, no cabe pedirles a sus personajes lecciones de filosofía sino manifestaciones de esa banalidad representativa de una manera de vivir. La que aquí nos ocupa se desliza hacia el territorio de la transformación degenerativa. Así, lo que empieza con euforia, adquiere la deriva de un Cronenberg abocado a la descomposición y la derrota. Y eso es lo que aquí se cuenta en solo 84 minutos, pero aún así, la insustancialidad de sus personajes, se hace larga, hueca, reiterativa.

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