ALBERT NOBBS

Disfraz sobre disfraz
Título Original: ALBERT NOBBS Dirección: Rodrigo García Guión: Glenn Close, John Banville y Gabriella Prekop; basado en un relato de George Moore Intérpretes: Glenn Close, Mia Wasikowska, Aaron Johnson y Jonathan Rhys Meyers Nacionalidad: Reino Unido e Irlanda. 2011 Duración: 113 minutos ESTRENO: Enero 2012
Glenn Close, excepcional actriz que hace unos meses recibía en Donostia el único premio grande que ha recibido en toda su vida, ocupa un incómodo lugar en el firmamento de las estrellas de Hollywood. Situada un peldaño por detrás de Meryl Streep, Close debe conformarse con aspirar a representar la versión opaca del brillo que ilumina a Streep. Una recibe la luz, a la otra la envuelven las sombras. Le pasa como a algunos deportistas nacidos a la vez que una gran estrella, son excepcionalmente buenos pero tuvieron la mala suerte de cruzarse con alguien que les aventaja.
Para visualizar esto, bastaría con cruzar sus dos últimos trabajos. Ambos giran en torno a dos retratos femeninos muy singulares, dos mujeres fuera de lo común. Ambos han sido dirigidos por profesionales de escasa pegada y discreta inspiración. Pero sin embargo, mientras que la dama de hierro de Meryl Streep volverá a subir a la pasarela de los premios por su hacer con Margaret Thatcher, esta mujer de piedra que Glenn Close aquí encarna, apenas recibirá algún recuerdo por su transformación. Y pese a ello, Albert Nobbs en cuanto filme se sabe inquietante, extraño, angustioso. En él Glenn Close encarna a una mujer cuyas circunstancias vitales, espaciales y temporales le obligan a mostrarse al mundo bajo el disfraz de hombre.
Hay en esta película de maneras atildadas y barnices televisivos un instante de poderío interpretativo, de alto impacto sensorial. Corresponde al instante en el que el personaje de Albert Nobbs, en compañía de otra mujer que también se ve forzada a negar su género, se pone máscara femenina para vestirse de mujer. Disfraz sobre disfraz para ser lo que cada día oculta. Con él Rodrigo García, un cineasta que amaneció fulgurante y que ahora parece agotarse cada vez más con cada nueva película, inscribe una de sus mejores tomas. Aquí, como en La dama de hierro, la dirección se pone el mono de servir. Queda claro que es Glenn Close quien escribe, produce, interpreta y manda. Y con todos los hilos en su mano, la excelente intérprete de Las amistades peligrosas, atraviesa de manera monocorde la triste existencia de una mujer condenada a vivir en un carnaval sin música para poder comer, para poder ser, para poder… poder.

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