EL SICARIO DE DIOS

Al cómic lo que es del cómic

Título Original: PRIEST Dirección: Scott Stewart Guión: Cory Goodman; basado en la serie de cómic “Priest”, de Hyung Min-woo Intérpretes: Paul Bettany, Cam Gigandet, Maggie Q, Karl Urban, Lily Collins, Stephen Moyer, Christopher Plummer y Alan Dale Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 89 minutos ESTRENO: Mayo 2011

Basado en un manhwa de Hyung Min-woo, el manga japonés, El sicario de Dios no oculta desde su mismo arranque que su corazón fue conformado de papel. Dicho de otro modo que en su origen, este sacerdote justiciero que caza vampiros estuvo hecho de viñetas y tinta. De modo que, para confirmarlo, sus primeros cuatro minutos, alumbrados con la luz de los dibujos animados, dan noticia de su verdadera genética. Los otros 85 restantes, se destinan a demostrar que cine y cómic transitan por caminos muy distintos. Esa lección no la termina de entender Scott Stewart, un profesional de los efectos especiales que tras un debú agónico con Legión, reitera aquí su incapacidad para adentrarse en las complejidades del alma humana. Pero claro está, en la materia argumental de Priest, en la que hay noticia de un fuerte sustento simbólico, no se previene sobre la necesidad de saber de qué se habla. Sin duda, Hyung Min-woo lo sabía y en su historia sobre los 12 ángeles caídos, en su extraña pero efectista mezcla de los horrores medievales, el western de Leone y las tinieblas fundamentalistas pasadas por el ventilador de Corea del Sur, existe una sabrosa semilla para la ensoñación y la aventura.
Stewart desaprovecha buena parte de la misma por culpa de un guión que desprecia el valor de la palabra. Con diálogos sin credibilidad ni sentido y con una estética que recoge el hacer de cineastas como Mamoru Oshii en sus títulos más epidérmicos (Avalon y Assault Girls), El sicario de Dios busca veta en un espacio abonado para la truculencia. Y como busca truenos, recoge tempestades. Acción pura y gratuita para un filme del que a los veinte minutos sabemos que no cabe esperar otra cosa que un festival de artificios sin sentido ni intención. Si Scott Stewart hubiera diseñado las secuencias de este filme para interactuar en los episodios grabados de cualquier videojuego estaríamos hablando de un solvente trabajo con una estética atractiva. Puro goce para consolas y pc´s. Pero como lo que ha hecho es dirigir una película basada en un estimable cómic, (novela gráfica la llaman), lo que nos queda es pasar el rato y confiar en que Scott Stewart se retire a tiempo.

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