EN UN MUNDO MEJOR

Una adulta lección sobre la educación y la tolerancia Título Original: HAEVNEN Dirección: Susanne Bier Guion: Anders Thomas Jensen Intérpretes: Mikael Persbrandt , Trine Dyrholm, Ulrich Thomsen, Markus Rygaard y William Jøhnk Nielsen Nacionalidad: Dinamarca. 2010 Duración: 113 minutos ESTRENO: Abril 2011

Con otro final, En un mundo mejor probablemente no hubiera ganado el Oscar porque posiblemente hubiera asumido una conclusión más terrorífica y quizá más real pero, en lo fundamental, nada habría cambiado en su proceso interior. Tan solo esa sensación final de percibir esperanza o de encajar angustia. Nada más se hubiera modificado porque lo decisivo reside en la capacidad de Susanne Bier y Thomas Jensen para adentrarse en los bosques del alma humana y para delinear personajes con arrugas en medio de situaciones morales complejas. O sea, cine adulto en definitiva en un panorama lleno de infantilismo y escatología. Por eso mismo, resulta esperanzador comprobar que los lapidadores que hace 15 años despreciaban una inteligente boutade llamada Dogma, comienzan ahora a admitir una evidencia. En aquella provocadora jugada liderada por von Trier y Vinterberg, en la que Susanne Bier aportó una magnífica película, había talento y oficio. Había también, cosas del cine escandinavo, una poderosa materia actoral y unos guionistas capaces de enfrentarse a lo real sin pretextos de género, de espectáculo o de modas.
De aquel gesto astuto y germinador nacen ahora propuestas poderosas como En un mundo mejor; una radiografía retocada sobre las dudas morales de la sociedad occidental; el sistema educativo y sus pantanosas aguas, y la fragilidad de la existencia. El punto de partida de las historias cruzadas que sostienen el argumento de este filme, es también un punto de ruptura; dos matrimonios en crisis. En uno, el desgarro sobreviene por la muerte de la madre. En el otro, una traición en la pareja alumbra una inminente separación. Los hijos de ambos matrimonios asumen el contrapunto narrativo, ellos escenifican el filo abisal, las consecuencias de esos naufragios. Adolescentes en pleno proceso de iniciación, viven en un ambiente escolar en el que la violencia, detrás de una apacible atmósfera de bienestar económico, perturba la convivencia y fabrica monstruos. En realidad, los protagonistas de En un mundo mejor recuerdan bastante al joven solitario de Déjame entrar. La sustancial diferencia reside en la soledad del protagonista del filme de Tomas Alfredson frente a esa asociación que aquí establecen ambos jóvenes en una deriva cómplice hacia la venganza.
En tiempo de cine psicótico y de gratuitas exhibiciones de brutalidad, Susanne Bier recita una lección sobre la conveniencia de saber controlar la agresividad, (m)atar el odio y someter la ira. Ese buenismo, que goza ahora de tan mala prensa, impregna la película pero, al mismo tiempo, se (re)equilibra al enfrentarse sin edulcorantes a la tarea de mostrar las incertidumbres y el dolor de lo que todo eso representa.
Susanne Bier vuelve a contraponer, como hiciera en Después de la boda (2006), la sociedad danesa, occidental, con destellos del tercer mundo, en este caso provenientes de África. Pero no solo reincide en eso. Bier retoma la necesidad de cuestionar qué mundo se está creando, para hurgar en los fundamentos de la felicidad. Hay muchos hilos en este tejido dramático, muchos problemas morales, muchas cuestiones sutiles, pasajeras pero decisivas. Y Susanne Bier los entreteje sin dificultad, con precisión. En ese entramado, sus habitantes se enredan y se tropiezan en un proceso que roza esas verdades cotidianas sobre las que tan necesario resulta debatir. En su caso, como preludia el título, Bier opta por apostar por la esperanza, por el perdón, por la tolerancia; pero también por la justicia e incluso por comprender, o sea por entender, abrazar, contener y encontrar al otro. Aunque ese otro, en nada se nos parezca.

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