EL ÚLTIMO BAILARÍN DE MAO

Los cisnes también se fugan

Título Original: MAO´S LAST DANCER Dirección: Bruce Beresford Intérpretes: Chi Cao, Chengwu Guo, Huang Wen Bin, Joan Chen, Bruce Greenwood, Wang Shuang Bao, Amanda Schull, Kyle MacLachlan y Jack Thompson Nacionalidad: Australia. 2010 Duración: 117 minutos ESTRENO: Diciembre 2010

En otro tiempo, el inequívoco sabor propagandístico del sueño americano esgrimido como panacea de la libertad frente a la amenaza comunista, hubiera invalidado un producto así por demagógico. Ahora, no. En el tiempo de wikileaks y en la hora de las armas de destrucción masiva que jamás existieron, apenas importa que Beresford dedique mucho más tiempo del necesario a alabar las excelencias del sistema norteamericano en contraposición a la sinrazón del caprichoso y sin duda tiránico poder político del comunismo chino. Al parecer la corrección política nada impone cuando se trata de pellizcar al gobierno chino de hace veinte años. Y no es que no fuera criticable sino que el modo de hacerlo resulta tan acrítico como blando, maniqueo y simple. Sobredosis de epidermis emocional.
Pero no es esto el fundamento decisivo que da su razón de ser a este biopic en torno a un bailarín chino al que la disciplina, un cuerpo adecuado, algunos profesores y profesoras buenos y un poco de suerte, le brindaron un lugar en el olimpo del ballet.Beresford, al que algunos definirían como un solvente artesano que sabe qué se siente cuando te dan un Oscar, jamás ha ambicionado forjar una prosa de autor. Su escritura no crece sobre el ejercicio de la experiencia artística sino sobre la ilustración del producto adecuado. El último bailarín de Mao lo es. Es un filme capaz de arrancar aplausos en plateas blandas y de humedecer la mirada de espectadores con querencia por la ternura.
Beresford combina con brío, coreografía con melodrama, discurso político con recreación histórica y el resultado se antoja bonito, pulido, encantador… para quienes se encantan con propuestas higienizadas. Su argumento, al margen de los detalles personales que ilustran la historia ¿verdadera? del protagonista, se debe a la clásica parábola de superación y éxito. Planteada como un proceso dialéctico, Beresford echa mano de un flash back entrecortado para llenar la pantalla con estampas chinas y postales americanas. En las primeras, lo rural deviene en tristeza. En EE.UU., la high class resulta arquetípica. Entre tanta nadería, dos coreografías excelentes. Una, en China, sublima lo surreal. La otra, con Tchaikovsky de fondo, ansía la belleza perfecta.

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