CENTURIÓN

Alma de peplum , carne de western Título Original: CENTURION Dirección y guión: Neil Marshall Intérpretes: Michael Fassbender, Dominic West, Olga Kurylenko, Noel Clarke, Liam Cunningham, David Morrisey y Riz Ahmed Nacionalidad: Reino Unido. 2010 Duración: 97 minutos ESTRENO: Agosto 2010

Como en las obras de David Lynch, el mundo actual se ha convertido en un lugar extraño para vivir. Al menos el mundo del cine. Eso demuestra Centurión, un filme de autor –Neil Marshall firma el guión y la dirección ratificando su paternidad- que penetra en la galería del cine moderno (Leone, Peckinpah,…), aquel que cobraba piezas magistrales a partir de dinamitar los esquemas arquetípicos de lo que se llamó cine de género. Por decirlo de otro modo, Marshall renueva el discurso fílmico renovado a fuerza de insistir en su voluntad de conformar relatos. Y dentro de estos se agita el sobrecogedor poder de la leyenda. De ahí que sobre una leyenda nazca Centurión. En la filmografía de Marshall (Dog Soldiers, 2002; The Descent, 2005; Doomsday, 2008) ya se rastrean algunas constantes reveladoras: su fijación por las duras tierras escocesas en donde nació y su permanente escenificación de la lucha a muerte entre dos sistemas sociales abocados al exterminio.
Amante de las distopías, Marshall ofrece en Centurión no pocos puntos de interés. Bajo el ropaje de un peplum contemporáneo, heredero y deudor del cine de romanos post-Gladiator; Centurión no se limita a configurar un fresco histórico con el rigor mortis de un producto congelado.En Centurión, filme que recrea con flexibilidad el destino de la novena legión romana aniquilada en la Britania que enfrentó a romanos y pictos a comienzos del siglo II, Marshall, un autor vocacional con un universo reconocible, insiste en las claves de sus películas precedentes. De ahí los relámpagos gore y de ahí ese pesimismo vital por el que las sociedades humanas, organizadas en ejércitos, aparecen como jaurías sedientas de sangre.
Con el pretexto de un filme épico, en el contexto de la construcción de la muralla de Adriano, Centurión mezcla la road movie con el western, el terror con el cine bélico. Si en Doomsday, Marshall forzó su propuesta hasta penetrar en el corazón del despropósito de la serie Z, en Centurión los excesos están mejor sostenidos. Sigue siendo irregular, torrencial y desmesurado. Sus modelos apuntan a los autores radicales y enfebrecidos. Y como ellos es un autor. Todavía sin una obra importante pero decido a ser él mismo.

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