EL LECTOR

Cuestión de dosis

Título Original: THE READER Dirección: Stephen Daldry Guión: Guión: David Hare; basado en la novela “El lector” de Bernhard Schlink Intérpretes: Kate Winslet, Ralph Fiennes, David Kross, Lena Olin y Bruno Ganz Nacionalidad: EE.UU. y Alemania 2008 Duración: 124 minutos ESTRENO: Febrero 09


En The reader todas las materias primas aseguran calidad. Repasemos. Calidad derrocha la novela de Bernhard Schlink, un texto que acongoja y del que emana su savia argumental. Excelencia interpretativa aportan una Kate Winslet que ahora mismo es la actriz más en forma de Occidente, un siempre angustiado Ralph Fiennes, los notables veteranos Lena Olin y Bruno Ganz y el solvente rostro de David Kross, un joven actor enamorado de esa señora Robinson de oscuro pasado que Winslet recrea. Y en cuanto a su director, Stephen Daldry, era el narrador que derrochó emotividad en Billy Elliot e inteligente contención en Las horas, parecía un hombre flexible y sensible, el lector ideal para llevar esa historia a la pantalla.
Pero en cine no basta con juntar; el cine no es la suma de las partes. A veces es mucho más, otras, como en esta ocasión, acontece que algo decisivo se pierde en esa labor aditiva. En The reader, lo que ha desaparecido de manera incomprensible, es la magia del relato, su fuerza introspectiva, esa capacidad de traspasar la piel de los personajes hasta abismarse en el embarrado lodazal del deseo y la culpa. Narrada a golpe de flash-back, el filme aparece como un díptico irregular. En la primera hoja se muestra la extraña relación entre un joven adolescente y una mujer madura. En ella, el sexo manda y la literatura reviste. La falta de pudor de los amantes se articula con las obras cumbre de la escritura. El joven lee y la mujer, en agradecimiento, se le entrega. Estamos ante un relato intimista, una crónica privada que no traspasa la piel.
En la segunda mitad, el pasado de esa mujer aflora y con él se cede el protagonismo a la máquina de la Justicia. Lo que aquí se dilucida clava sus colmillos en Auschwitz, en el horror del holocausto y en la proverbial torpeza de la Ley para juzgar las cuestiones del alma. Se trata de dos niveles que exigían un cineasta profundo pero Daldry, que no acierta a transmitir la historia de amor, dibuja con desgana y simplismo la crónica judicial y el tartamudeo de quienes juzgan. Con ello y por ello, el romance que acontece en The reader no emociona y el proceso legal no conmociona. Tan sólo la desgarrada soledad del personaje de Winslet alcanza a mostrar una desoladora e intermitente grandeza.

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