CONFESIONES DE UNA COMPRADORA COMPULSIVA

Nadería sobre el consumismoTítulo Original: CONFESSIONS OF A SHOPAHOLIC Dirección: P.J. Hogan Intérpretes: Isla Fisher, Hugh Dancy, Joan Cusack, John Goodman, Kristin Scott Thomas, John Lithgow y Leslie Bibb Nacionalidad: EE.UU. 2009 Duración: 104 minutos ESTRENO: Abril 09


La lengua inglesa, siempre tan adaptable al titular periodístico -se inventó con ella- , acuña un término para definir la enfermedad que corroe a la joven y meliflua primera actriz de este filme: Shopaholic. En castellano diríamos algo así como tiendamaníaca o una escaparate-dependiente, términos que, es evidente, carecen de la rotundidad fonética del vocablo inglés. Con ello se designa a una víctima del consumismo de marca y estilo, esa es la fatal naturaleza de la protagonista de esta película que desarrolla las vicisitudes de una yonkie atrapada por las deudas que le acarrean su adición al consumismo del trapo y el zapato. Se trata de una joven periodista que, como en El diablo viste de Prada, aspira a hacer carrera en el mundo de las grandes marcas pero sufre de una incontrolada pulsión por adquirir todo cuanto, desde un escaparate de alta marca, se le pone a tiro.
Sin embargo, esa personalidad anómala y extrema tan sólo es el celofán que envuelve una nueva comedia romántica del cineasta australiano P.J. Hogan, un autor significado especialmente por dos eficaces comedias; la independiente La boda de Muriel y la taquillera, La boda de mi mejor amigo.Con la proa apuntando hacia esos referentes, Isla Fisher, compañera sentimental del vitriólico Sacha Baron Cohen, demuestra la infinita distancia que separa su talento para comedias juveniles, del sensual poderío de una estrella como Julia Roberts.
A años luz de la sensualidad de la protagonista de Pretty Woman, Isla Fisher rebaja considerablemente el alcance de su personaje a quinceañeras sin tarjeta de crédito. Poco arregla una retaguardia de brillantes secundarios, que termina por dejar a oscuras las limitadas prestaciones de Fisher.
Sin electricidad, cabría ver en este enredo menor que acude a la carpintería clásica de la comedia arquetípica un discurso sobre los males que aquejan al mundo moderno: una notable morosidad y una alta especulación. Pero es tarea imposible. Hogan lleva el filme al convencional terreno del chiste previsible y nula reflexión. Todo hace añorar al Hogan del final de la década anterior. Porque, donde en otro tiempo había entusiasmo, ingenio y ritmo, aquí sólo se pone oficio y nada más.

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