CAPITÁN ABU RAED

Historia de una gorra
Título Original: CAPTAIN ABU RAED Dirección y guión: Amin Matalqa Intérpretes: Nadim Sawalha, Rana Sultan, Hussein Al-Sous, Udey Al-Qiddissi, Ghandi Saber, Dina Ra’ad-Yaghnam y Mohammad Quteishat Nacionalidad: Jordania. 2007 Duración: 110 minutos ESTRENO: Marzo 09

Una gorra no hace piloto, pero lo aparenta y quien es tomado por tal, acaba pilotando el destino de sus pasajeros, incluso de aquellos -especialmente de aquellos-, que dudan de su mascarada. En estas cuatro líneas se condensa lo que Capitán Abu Raed se propone. Una fábula de buenos sentimientos que abusa del frasco de Tornatore y anega con azúcar la vieja historia neorrealista de El general de la Rovere. Además, en su singularidad, la primera película jordana en ser estrenada en medio mundo, lleva implícita también una impostura. Porque sin duda es jordana de localización y bandera, pero no de naturaleza ni de origen. De hecho el propio cineasta, Amin Matalqa, jordano de nacimiento que creció en Ohio y se hizo cineasta en EE.UU., recordaba que el rodaje se realizó en varias lenguas y con un equipo proveniente de una decena larga de países.
A nadie extraña que este filme con niños y sobre niños, que denuncia los malos tratos de género y de edad, sepa muy poco del cine iraní, por ejemplo, con el que comparte ese protagonismo infantil. Muy lejos de Kiarostami, Matalqa asume el camino contrario. Es cine jordano preparado en el exterior cuyo valor añadido consiste en enarbolar una bandera hasta ahora desconocida en el panorama del cine internacional. Esto no debería quitar ni poner nada a la calidad del filme, en todo caso, son las circunstancias que, como acontece con la cineasta canadiense de origen indio, Deepa Mehta, reverberan en un tono pedagógico y aleccionador que puede ser tan irritante para algunos como conmovedor para otros. O sea, en función de esa percepción, Capitán Abu Raed recogerá tantos aplausos como críticas pero lo que resulta indefendible, como acontece con el cine de Mehta, es el valor intrínseco de su propuesta en cuanto cine. Ese cartón piedra y ese juego de azares y desencuentros caprichosos para relatar la historia de un buen hombre que encuentra sentido a su vida en un sacrificio bíblico, se desmorona por falso y hueco. En el fondo, el hacer de Abu Raed es semejante al del personaje de Eastwood en Gran Torino. Crucen ambas películas y obtendrán un tratado sobre la diferencia sutil entre el talento y la ilustración.

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