(500) DÍAS JUNTOS

Chico conoce chica (posmoderna)
Título Original: 500 DAYS OF SUMMER Dirección: Marc Webb Intérpretes: Zooey Deschanel, Joseph Gordon-Levitt, Clark Gregg, Matthew Gray Gubler, Rachel Boston, Geoffrey Arend, Chloë Grace Moretz y Minka Kelly Nacionalidad: EE.UU. 2009 Duración: 95 minutos ESTRENO: Octubre 2009

La experiencia profesional de Marc Webb le precede y lo predetermina. Webb lleva más de doce años realizando vídeos para todo tipo de grupos; de Santana a Backstreet Boys, de My Chemical Romance a Green Day, y esa experiencia profesional se deja notar en (500) días juntos en dos factores determinantes. Uno y positivo, la cuidada selección musical hecha de pop versátil capaz de hacer convivir a los Smiths con los Pixies. Y otro, más discutible, cierta tendencia a hacer evolucionar el filme a golpe de secuencia-videoclip. Conocedor de su debilidad, esta querencia se equilibra por su audaz y hábil (d)estructuración y por un montaje hijo de la era posmoderna. Esto es, un relato no continuo, roto, encabalgado y más festivo que confuso.
En síntesis. Su relato presenta la originalidad compleja de las margaritas: chico conoce a chica, chico se enamora de chica,… pero chica es del siglo XXI y no parece creer en el amor ni en el destino. Durante esos 500 días remontados, elípticos y desordenados, Webb ata y desata su comedia altamente hiperromántica. Hace equilibrios en el alambre de la cursilería sin protección y leva una venda en la mirada. Durante 40 minutos es de esperar que se abra la cabeza pero… (y aquí surge el creador de imágenes que Webb lleva dentro) nunca acaba de caerse del todo. Suelta más miel que el oso Yogui en un día de fiesta, pero se contrarresta el empalago con la ironía constante del realizador y por el poderoso saber estar de un Joseph Gordon-Levitt (Brick), un niño prodigio de la interpretación que ahora, con 28 años, hace del minimalismo gestual una lección de elocuencia.
La aparentemente insustancialidad de la historia, los amores y desamores de un inmaduro arquitecto que se dedica a crear frases ingeniosas para postales de felicitación se convierte, en manos de Webb, en una balada pop tocada por la aparente frivolidad tontuna de lo intrascendente, aunque anclada en una mirada menos superficial de lo que se aparenta a primera vista. Es cine post-pop que retoma, veinte años o treinta años después, la fragilidad de Morrisey y la socarrona frivolidad de Byrne. Tiene su gracia, es inteligente y sabe qué está haciendo aunque lo su tono sólo sea capaz de entusiasmar a quienes bailan en esa onda.

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